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22 Sep
2010

Sueños bicicleteros

Peatón y bici, Políticas públicas y Urbanismo, Vanguardia


(Publicado en Vanguardia)

Ayer fue el día mundial sin auto, y la bicicleta de Darío celebró guardada como siempre. Ni siquiera esa fecha sirvió como excusa para desempolvarla, para recordarla, para darle vida. La rutina de Darío transcurrió de manera normal. Un desayuno apresurado y un recorrido en silencio, donde lo único que rompe el fastidio del tráfico es el ocasional claxonazo o el ruidoso comercial de una mueblería en la radio. Al llegar a su destino Darío sustituye el asiento del coche por el asiento de la oficina. Quizá no lo parezca, pero al finalizar la jornada Darío puede contar casi diez horas sentado, siempre bajo un techo y cuatro paredes. Y eso es todos los días.

Antes Darío caminaba y pedaleaba con frecuencia, convirtiendo sus recorridos en paseos. Pero tanto él como la ciudad han cambiado. El tiene más prisa, y ella es menos accesible. A él le piden ser “más eficiente” y a ella le han ordenado ser “más moderna”. Darío se convenció que pedalear no era para adultos, y la ciudad decidió que los coches eran más importantes que las personas. Hoy Darío maneja, no solo a los sitios lejanos, sino incluso cuando necesita comprar leche en la tienda de la esquina.

El asunto es algo paradójico, pues dado el creciente nivel de congestión que muestran nuestras calles, la bici tiende a ser –para muchos recorridos- el medio de transporte urbano más rápido que existe. Y a juzgar por las estrategias impulsadas por las ciudades más progresistas del mundo (que incluyen, por ejemplo, la demolición de distribuidores viales y la implementación de sistemas de bicicletas públicas) la modernidad que nos presumen llega con ochenta años de retraso.

Darío escuchó alguna vez que el 45% de los gases de efecto invernadero que liberamos a la atmósfera provienen del sector transporte y que 7 de cada 10 adultos en México sufren de problemas de sobrepeso u obesidad. Vio la película de Al Gore en el cine y su novia le ha pedido que baje de peso.  Y sin embargo, a la primera oportunidad, Darío decidió comprarse un coche. Algunos lo molestan diciendo que lo único que quería era apantallar a su novia, pero la verdad es que con las mensualidades que Darío paga por el auto, la boda tendrá que esperar. Más que un pequeño lujo o un símbolo de estatus, ese coche refleja un estilo de vida que la ciudad le ha impuesto a sus pobladores.

La ciudad habla, y le dice a Darío que el coche es indispensable.

No le brinda ningún lugar para amarrar su bici, y sin embargo obliga a los constructores a tapizar la ciudad de cajones de estacionamiento. Mientras que anuncia millonarias inversiones en nuevos puentes y distribuidores viales, gasta poco en señalizar las calles para facilitarle la vida al peatón y sigue posponiendo la construcción de infraestructura para el ciclista. Las cuadras son cada vez más largas, las banquetas cada vez más angostas y la “nueva” arquitectura está diseñada para apreciarse sólo a altas velocidades. Basta revisar los reglamentos de tránsito y el destino de los presupuestos públicos, las prioridades de nuestros políticos y los temas que interesan a nuestros funcionarios para concluir, junto con Darío, que pretender moverse en bici o a pie es remar contracorriente.

Por todo esto sería difícil –e injusto- criticar las decisiones de Darío.

Sustituir el coche por la bicicleta, aunque sea un solo día, aunque sea para un solo trayecto, parece una decisión enorme. Se requiere valentía, un poco de sentido de la aventura y mucho amor por la ciudad. Quien se atreva tiene que retar a un océano de automóviles indispuestos a compartir la avenida. Tiene que hacer valer su derecho a la ciudad frente a quienes creen que el respeto al otro depende del tamaño del vehículo que lo transporta, y debe hacerse notar frente a autoridades que se niegan a reconocer su existencia. Solo así, construyendo masa crítica, será posible romper el ciclo que nos arrastra ya hacia la autodependencia.

Es difícil ser optimista. La bicicleta de Darío sabe que seguirá en el armario mucho tiempo más. Sabe también que sus pedales representan únicamente una parte de la solución al problema de movilidad de nuestra ciudad. Pero no deja de esperar su turno. Sueña, como tantas bicicletas, en el momento en el que la ciudad recuerde que el auto es una opción, y no la única opción.

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  • http://nico-naiko.blogspot.com/ Nico

    Muy interesante. La verdad ayer había más atasco de coches que nunca.