2010
El huracán y la ruleta rusa
Políticas públicas y Urbanismo, VanguardiaApenas atenúan las lluvias, y ya es posible ver el saldo del Huracán Alex. En muchas ciudades del noreste de México, las imágenes son similares: Vehículos sepultados bajo los escombros, viviendas sumergidas, infraestructuras destrozadas, negocios estropeados. La tragedia incluye también vidas humanas. Pienso particularmente en el alcalde de Piedras Negras y en Horacio del Bosque, mi amigo y maestro, fallecidos junto con otros funcionarios en labores de rescate. Pienso también en esas dos niñas de nueve y diez años de edad que vieron a sus padres desaparecer bajo las aguas del Río Pilón, en Tamaulipas, mientras resistían abrazadas de un árbol. Alex dejó pocos muertos, sí, pero nadie podrá negar que fueron demasiados.
El daño es grande. En muchos sentidos irreparable.
Sigue habiendo miles de damnificados, decenas de localidades incomunicadas, estructuras a punto del colapso y miles de empleos en riesgo. Ante la emergencia, la atención de las autoridades y de la sociedad civil organizada ha estado a la altura del reto. El desfile de funcionarios estatales y federales a las zonas más afectadas no ha terminado, y a pesar de los inevitables traspiés burocráticos, aparentemente comienzan a fluir los recursos. Se han recolectado y repartido toneladas de víveres. Ha comenzado la limpieza de los escombros. Se han anunciado apoyos a comerciantes y vecinos afectados. Desde luego queda mucho por hacer, pero el trabajo urgente, que es evitar que la tragedia reclame más vidas y recuperar hasta donde sea posible la normalidad en nuestras ciudades, ya está en marcha.
Sin embargo, incluso durante la etapa de emergencia, no podemos dejar que todos los esfuerzos se canalicen en atender la problemática inmediata. Si bien reconstruir y reparar lo que había antes de Alex parece una tarea titánica, el verdadero éxito radica en reducir el riesgo para el futuro. Por lo mismo, el heroísmo de los rescatistas debe acompañarse de la audacia de los planificadores urbanos. Es hoy cuando hay que plantear las ideas de largo alcance, esas que habitualmente se archivan por falta de recursos o de respaldo político. La ventana de oportunidad se cerrará pronto, pues así como es indudable que vendrán nuevas catástrofes, es inevitable que el sentido de urgencia que hoy mueve y aglutina a tantas voluntades terminará por diluirse con el paso del tiempo.
Lamentablemente, ya sea por ambición privada o por corrupción pública, por irresponsabilidad individual o por desinterés colectivo, el mismo día de la tragedia comienza una cuenta regresiva hacia la pasividad.
En unos meses, Alex se habrá convertido en un capítulo histórico más. Hablaremos de esta tragedia como hablamos de la inundación de Monterrey de 1909, o del desbordamiento del Río Santa Catarina durante el ataque del Huracán Beulah en 1967. Alex será sin duda referencia perenne, como es el recuerdo del Huracán Gilberto que devastó la región en 1988, o la tormenta tropical que causó el crecimiento del Río Escondido en Piedras Negras en el 2004. Sin embargo, para aprovechar la lección que busca darnos la naturaleza no basta con recordar el acontecimiento. Hace falta impulsar con decisión una agenda de acciones concretas y evaluables.
Si el tamaño de la cortina rompepicos en Monterrey resultó insuficiente, ahora es cuando hay que hablar de levantarla o de plantear alternativas. ¿Qué infraestructura falta para que nunca más se repita la casi total inundación de Sabinas, Coahuila o la destrucción de Cd Anahuac, Nuevo León? Si Conagua tiene ubicadas a miles de familias viviendo en zonas de riesgo, no habrá mejor momento para plantear su reubicación, como ya ha sugerido el Gobernador de Coahuila para algunas zonas de la Región Carbonífera. Si ha quedado demostrado que los municipios autorizan urbanizaciones en sitios proclives a inundaciones, es tiempo de revisar sus criterios o declarar vedas al crecimiento urbano, como comienza a hacerse en Saltillo. Si sabemos que nuestras ciudades seguirán creciendo, es urgente plantear mecanismos para hacerlo respetando los cauces de arroyos y ríos, por más secos que parezcan.
En un mundo ideal, no sería necesaria una tragedia como Alex para detonar acciones preventivas.
Pero la mente humana peca siempre de optimismo, y por ello es proclive a jugarnos trucos. Si bien sabemos que tarde o temprano ocurrirá una tragedia, siempre elegimos pensar que le sucederá al vecino. El paso de Alex es un triste recordatorio que no podemos ser tan inocentes. Debemos replantear nuestra tolerancia al riesgo. No podemos permitir que la planificación de nuestras ciudades siga asemejando un juego de ruleta rusa.
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Etiquetas: desastre


\"Soy pesimista sobre las probabilidades... soy optimista sobre las posibilidades\". -Lewis Mumford



