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18 Jun
2010

¿Por qué prohibir casas chicas no resuelve el tráfico?

Coahuila, Crecimiento urbano

Recibí un correo de uno de los más viejos lectores de Ciudad Posible, que me hacen pensar que el argumento de mi columna de esta quincena en Vanguardia no fue del todo claro. Me refiero a mi contención de que la idea de cambiar el Plan de Desarrollo Urbano de la ciudad para prohibir viviendas menores de 300 metros cuadrados al noreste de Saltillo es bastante mala. Por motivos de espacio, no pude expandirme como hubiese querido. Espero hacerlo pronto, pues el tema de la zonificación excluyente -y en general la mala regulación urbana- es uno de los más grandes obstáculos para mejorar nuestras ciudades.

La idea: mala para combatir el tráfico, peor para hacer una ciudad más incluyente

Por lo pronto, creo importante compartir el correo de este lector, pues me da la oportunidad de explicar por qué considero que esa regulación hace poco por resolver el tráfico.

No se si habrás tenido oportunidad de entrar alguna vez a la Colonia Oceanía –en Saltillo, obviamente-, para que veas la cantidad de coches que son capaces de tener las personas que “compran casas chicas…”, no tienen lugar para estacionarlos y de por si el diseño de la colonia… bueno…!, y supongo que esta no es la única colonia en esta ciudad y en otra muchas ciudades en las que pasa lo mismo. Estoy de acuerdo en el pésimo sistema de trasporte público que tenemos, pero… y la parte cultural? Saludos…, aprecio mucho tu columna.

Así como mi respuesta:

Muchas gracias por tu correo. En serio, me gusta saber que les interesa lo que escribo.

Si, conozco bien la Colonia Oceanía, y entiendo plenamente lo que mencionas. No dudo ni por un minuto que la capacidad de compra de coches -en todos los sectores de la población- está creciendo mucho. He hablado bastante del asunto en mi blog; me queda claro que el coche no es un artículo de lujo. ¡Pero el punto de mi columna de ayer es que no hay que encarecer las viviendas para reducir el tráfico! El costo social es enorme, y la estrategia está condenada al fracaso. En todo caso habría que encarecer los coches, al mismo tiempo en que ofrecemos alternativas de movilidad eficientes. Esto no solo es reformar el transporte público. Hacer una ciudad más compacta, en la que las distancias sean recorribles a pie o en bicicleta (más densidad implica más destinos cerca). Y este objetivo es cada vez más difícil de implementar, precisamente porque nuestros reglamentos y planes favorecen un diseño urbano poco denso (no solo lotes de tamaño mínimo, también requisitos de estacionamiento muy altos, y que no diferencían por zonas de la ciudad…).

Finalmente, debo insistir que todo argumento “cultural” es relativo. Decir que algo es “cultural” implica asumir que es intocable, que está congelado. Yo considero que los gustos y preferencias de la gente son adaptables, y que si bien traen inercias importantes, es papel del gobernante sugerir y facilitar su evolución. Es cierto que el diseño urbano que tenemos es producto de una “cultura”. Pero también es cierto que para hacer posible un cambio a esta “cultura” hay que cambiar el diseño urbano.

En fin, el tema se presta para mucha discusión. Quizá lo retome en el futuro (esta semana lo tuve que combinar con lo de la Ruta Recreativa, y tuve poco espacio para expandir el argumento), no solo para ahondar en los efectos de la normativa propuesta en el tráfico, sino para hablar también sobre sus implicaciones en términos de equidad social: Simplemente no es correcto que desde el gobierno promuevan formalmente la división de la ciudad entre zonas para ricos (que pueden pagar casas grandes) y zonas de pobres (que no pueden pagarlas).  ¡Saludos y gracias!

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