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11 Mar
2010

¿Una revisión a nuestra forma de “hacer ciudad”?

Disfrute del espacio público, Políticas públicas y Urbanismo, Vanguardia
Estoy gratamente sorprendido con las noticias que salen últimamente de la Alcaldía de Saltillo. (Quizás) anuncian una nueva forma de “hacer ciudad”.

La ciudad está viva. Sus barrios nacen, crecen y cambian. Todos los días algo se transforma: Un vecino pinta su vivienda, o construye un piso adicional, o abre una tienda de abarrotes en su sala. En un abrir y cerrar de ojos, un cine puede transformarse en templo o un parque puede convertirse en centro comercial, cancha o estacionamiento. Cualquiera puede enumerar una larga lista de edificios que han sido derribados para abrir paso a nuevas construcciones. Y en el proceso los sonidos y los olores, esos que dan identidad y que nutren los recuerdos de nuestros abuelos, cambian de sitio o de intensidad, o misteriosamente desaparecen para siempre.

Nuestro hábitat, la ciudad, es la síntesis de miles de micro-decisiones individuales y espontáneas.

Cada persona intenta adaptar el espacio a su alrededor para satisfacer sus necesidades, modificando un poco la ciudad en el proceso. El criterio que guía estas pequeñas decisiones tiende a ser práctico y racional: Maximizar las rentas, o ampliar el espacio para el disfrute privado, o manifestar un punto de vista. Dado que en la ciudad vivimos apretados, este proceso de transformación del espacio urbano nunca está desprovisto de conflicto. Es difícil evitarlo: lo que uno decide afecta a los demás.

Podríamos dejar que la mano invisible resuelva las tensiones que resultan. Que el más poderoso imponga sus reglas, o que el más rico pague por hacer lo que le plazca. De hecho esto ya ocurre, quizá con demasiada frecuencia. Ahí están, por ejemplo, los empresarios en pequeño que se apropian de las plazas y parques para instalar sus locales, o los empresarios en grandote que se apropian del mobiliario urbano para colgar su publicidad. Esta estrategia del “dejar pasar” genera ciudades caóticas e inequitativas, donde el espacio público se reduce, y donde la población aprende pronto que las reglas son flexibles.

Otra opción es pretender normarlo todo. Establecer leyes y reglamentos que nos digan como, cuando y hasta donde podemos ejercer nuestros derechos de propiedad y nuestra libertad individual. Este camino también lo hemos recorrido, con éxito bastante discutible. La razón es que los funcionarios que establecen las normas no son ni expertos, ni profetas, ni monjes. No tienen la capacidad de enumerar hasta el más nimio detalle, no pueden preveer con certeza como cambiará el contexto, y son tan falibles como el resto de la población. Un buen sitio para evaluar los efectos de esta estrategia es revisando lo ocurrido en el Centro Histórico. Su reglamento de construcción es tan estricto, que en lugar de proteger nuestro patrimonio cultural ha acelerado su abandono. ¿Quién va a invertir en el Centro, si renovar una propiedad resulta más caro que construir un inmueble nuevo en otro lado?

Necesitamos un punto intermedio, pues ni la ley de la selva ni la burocracia omnipresente nos acercarán a la ciudad que deseamos.

Nuestra ciudad requiere de un equilibrio entre la búsqueda de cohesión social y crecimiento ordenado, y la defensa de la creatividad y espíritu emprendedor de sus habitantes. ¿Qué tipo de ciudad queremos y hasta que punto estamos dispuestos a sacrificar nuestra libertad para alcanzarla? La construcción de un consenso al respecto es sumamente difícil. Sin embargo, no podemos aceptar las ineficiencias e inequidades del status quo simplemente porque “siempre ha sido así” y porque nadie ha tenido la imaginación o la valentía de plantear una alternativa diferente.

Escribo esto pues el Alcalde y su Cabildo parecen estar dispuestos a iniciar esta importante discusión. Estoy gratamente sorprendido, pues las noticias ventiladas en las últimas semanas hablan de un cambio sustantivo en las reglas del juego. Primero ordenaron una revisión profunda de los reglamentos de construcción del Centro Histórico. Después prohibieron la colocación de anuncios en banquetas, camellones, semáforos, calles y otras áreas de propiedad municipal. Y apenas antier el Alcalde anunció la reubicación de los comerciantes ambulantes que controlan la Alameda.

¿Son esfuerzos aislados, o forman parte de una revisión integral de la manera en que “hacemos ciudad” en Saltillo?

Si es lo primero, el éxito de estas medidas dependerá del nivel de interés que mantenga el alcalde, y de su poder de negociación frente a los intereses afectados. Si es lo segundo –y espero que así sea-, será necesaria una estrategia de comunicación mucho más clara para contagiar de entusiasmo a las mayorías y construir una base de respaldo más amplio.

¿En qué consiste la nueva urbanidad que parece proponernos el Alcalde Jericó?

(por cierto, revisando mis archivos encontré estos artículos sobre la publicidad excesiva en las calles de la ciudad, y sobre el proceso de abandono del Centro. Me da gusto que ambos temas comiencen a aparecer en la agenda municipal).

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  • Julioaldape
    Yo no creo que sea una nueva forma de hacer ciudad, mas bien remueven a comerciantes del "chetos" que tienen extraccion panista, estos comerciantes fueron los beneficiados de anteriores administraciones Panistas, si algun dia vuelve el pan al Gobierno municipal tengan por seguro que estos comerciantes regresaran.
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