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26 Feb
2010

DOS: ¿Será que el Gobierno Federal hizo la apuesta incorrecta?

Desarrollo económico y empleo, Vanguardia

Lula apareció repentinamente en la pantalla del televisor.

Celebraba que las Olimpiadas irían a Río de Janeiro y Vladimir, mi amigo brasileño, estaba que no cabía en si mismo. “Los ojos del mundo ven a mi país, vamos bien, e iremos mejor”. Justo unos minutos antes habíamos platicado de alguna noticia de rutina en México. No recuerdo exactamente si mencioné la captura del “Pozolero” o algún otro suceso por el estilo, pero el contraste me cayó mal. Claramente Brasil brilla y México se hunde. “Vladimir”, intenté responder, “con esa actitud van que vuelan, pero para desbancar a los Argentinos de los chistes”.

Me miró serio y dijo algo que quedó muy grabado en mi mente. “No me entiendes porque no creciste con tu país siendo el patito feo”. Me explicó que como estudiante de economía en los noventa, siempre le enseñaron que México era el modelo a seguir. La moneda brasileña se devaluaba sin control, mientras acá teníamos inflación de un dígito. Nuestras ciudades se industrializaban con capital extranjero, mientras que allá el Estado seguía siendo gran empleador. México hacía su entrada triunfal a la OCDE, y Brasil seguía con un estigma de país bananero. De acuerdo con el Banco Mundial –y con los profesores de Vladimir- México se acercaba al primer mundo, mientras que Brasil parecía condenado al subdesarrollo.

Que equivocados estábamos todos.

El crecimiento promedio del PIB mexicano tras la firma del TLC ha sido menor al que se registraba en la década anterior. Durante el periodo 2001-2009 México creció significativamente menos que el resto de Latinoamérica, mientras que Brasil conquistó junto con China e India el título de dueño y señor del mañana. Por supuesto, este pobre desempeño tiene múltiples explicaciones que poco tienen que ver con las decisiones estratégicas del Gobierno Federal, como la ya mencionada crisis económica en Estado Unidos. Sin embargo, a la luz del éxito económico de naciones que fueron más cautas en sus procesos de apertura, vale la pena preguntarnos, ¿no nos habremos equivocado?

La firma del TLC generó innegables oportunidades de negocio, particularmente en ciudades como la nuestra, pero también nos obligó a “aventar la escalera”. Así describe el economista H. Joon Chang al hecho de que países como el nuestro se priven voluntariamente de instrumentos de política pública para apalancar su propio desarrollo. Embebidos con los cánones del liberalismo económico, hicimos propia la frase de Serra Puche: “Nuestra política industrial es que no hay política industrial”. A diferencia de Brasil, en México abandonamos a la banca de desarrollo y dejamos de subsidiar la innovación. Jamás condicionamos la apertura comercial a la transferencia de tecnología, como hoy hacen en China. Si bien la estrategia del Gobierno Federal tuvo como resultado que ciudades como Saltillo se llenaran de fábricas y de oportunidades de empleo, nunca logramos detonar un verdadero proceso de aprendizaje.

Y quizá por eso Vladimir celebra con Lula, y los mexicanos somos el patito feo.

Este texto forma parte de una serie de reflexiones sobre los resultados de la Encuesta Empresarial 2010 que acaba de publicar Vanguardia. Puedes ver las demás acá:

UNO: ¿Será que hemos perdido el espíritu empresarial?

TRES: ¿Será que nos faltan instituciones de soporte?

CUATRO: ¿Será que la promoción económica no basta?

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