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2 Dec
2009

Sufragio efectivo, sí reelección

El Universal


El Presidente de México se comprometió hace unos días a impulsar un paquete de reformas para transitar “del sufragio efectivo de la Revolución de 1910, a la democracia efectiva del cambio en el 2010”. Uno de los elementos de su propuesta es particularmente importante para el municipalismo mexicano: La posibilidad de reelegir a nuestros alcaldes.

Nota: La parte reelevante del discurso de Calderón está en el minuto 57:50 del video

En México los ciudadanos no estamos facultados para premiar con la reelección inmediata a los Presidentes Municipales que hacen bien su trabajo. Podremos aplaudirles y lanzarles vivas, pero la Constitución nos prohíbe renovar sus contratos. Los alcaldes lo saben y actúan en consecuencia. ¿Para qué impulsar proyectos que rendirán frutos en el futuro, si serán evaluados únicamente por lo que logren en un periodo gubernamental? ¿Para qué profesionalizar al personal del Ayuntamiento, si no habrá tiempo para explotar los conocimientos adquiridos? ¿Para qué rendir cuentas y consultar prioridades con los vecinos, si basta con quedar bien con el partido o con el Gobernador para continuar en el servicio público?

Los alcaldes y los regidores responden a incentivos y nuestra Constitución premia los comportamientos equivocados. En lo financiero, tiene más sentido endeudarse y pasar la responsabilidad de pago al sucesor que perder la oportunidad de lucirse con vistosas obras. En lo político, gana quien evita hacer olas y quien mantiene las redes de complicidad existentes, y pierde quien asume el riesgo de movilizar a la ciudadanía en torno a proyectos transformadores. La responsabilidad fiscal, la planificación urbana, la participación ciudadana y el servicio civil de carrera son solo algunas de las cosas que no tienen sentido para un político que evalúa sus alternativas en horizontes de tres años. Si el pueblo de Asís estuviese en México, y San Francisco fuese el alcalde, preferiría dispararle al lobo antes de intentar socializarlo.

Quienes se oponen a la reelección de alcaldes (como por ejemplo Loret de Mola y Julio Hernández), argumentan que la medida abrirá la puerta a prolongados cacicazgos. La referencia inmediata está al norte del Río Bravo. El recién reelecto alcalde de Boston lleva 16 años gobernando y el de Chicago ya cumplió 20. Los críticos tienen razón. Es difícil derrotar a un alcalde en funciones. El acceso a los medios, el manejo del presupuesto y la posibilidad de dar y recibir favores se combinan para dificultar el camino de cualquier contendiente. Sin embargo, la base de soporte y el principal punto de referencia de estos alcaldes nunca deja de ser el ciudadano. Cada instante de sus mandatos forma parte de una prolongada campaña hacia la próxima reelección. Los 102 millones de dólares que tuvo que invertir el alcalde de Nueva York para lograr su reelección demuestran que nadie tiene su permanencia asegurada.

En cambio, los alcaldes en México podrían olvidarse del ciudadano tras recibir su constancia de mayoría. Exagero. Ningún alcalde –ni siquiera los que están al frente de las ciudades chinas- puede prescindir totalmente del apoyo popular. Sin embargo en los países que permiten la reelección, dar resultados a la ciudadanía es una cuestión de supervivencia. Por el contrario en países como el nuestro la cercanía del munícipe con sus gobernados es solo un factor adicional, periférico, que puede o no tomarse en cuenta a la hora de evaluar el desempeño del funcionario. Cada vez que las demandas ciudadanas y las directrices de los superiores políticos entran en conflicto, el alcalde mexicano –como el chino- tenderá a privilegiar lo segundo.

Además en México ya tenemos cacicazgos. En la mayoría de los estados, el Gobernador controla a su partido, y el partido controla las candidaturas. Las elecciones internas son sospechosas por decir lo menos. Las mismas ventajas que facilitan la reelección de los alcaldes en Estados Unidos ya se dispensan al candidato favorito del Gobernador.

El presupuesto fluye, se acercan las cámaras y se activa la maquinaria. La diferencia es que permitir la reelección ampliaría el espacio de autonomía política del Ayuntamiento, mientras que mantener la prohibición condena a muchos alcaldes a ser meros apéndices de la burocracia estatal.

Si deseamos premiar el buen desempeño y reducir la distancia entre gobernantes y gobernados, respaldemos la propuesta del Presidente. Si nos preocupan los cacicazgos, exijamos en todo caso que la reforma política incluya a las candidaturas independientes. Esa combinación sería el uno dos ideal para acotar el poder de los partidos y empoderar a los ciudadanos: Que los mejores hombres puedan llegar al gobierno, y que sea la ciudadanía quien determine su permanencia en el servicio público.

(Actualización 3 de dic: Por cierto, en Nexos en Línea encontré este texto sobre la reelección de Eric Magar. Está bueno.)

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  • Anonymous
    Buen artículo. Yo estoy de acuerdo con la reelección.


    Sin embargo, creo que hay un par de aspectos que debemos tomar en cuenta para que una reforma a favor de la reelección de alcades se convierta en una herramienta de rendición de cuentas y evaluación efectiva por parte de la ciudadanía:la "partidocracia" y los límites a la reelección.



    Recordemos que ya tenemos reelección de alcaldes (no consecutiva) y cuyas limitaciones nos dejan ver algunas de las debilidades de hacerla consecutiva. por una parte la ciudadanía tiene (tenemos) memoria a muy corto plazo, se mantiene el nombre del funcionario en el imaginario colectivo, sin una vinculación directa con la evalución de su trabajo. Es decir, (y tus ejemplos lo demuestran) que un alcalde electo siempre llevará ventaja contra un nuevo candidato no necesariamente por méritos, sino por simple "imagen". Por otra parte, la forma en que está estructurado nuestro sistema electoral, sólo permite que los partidos definan a los posibles candidatos, es decir, si la posibilidad de un alcalde de ser considerado nuevamente como candidato sigue dependiendo del partido que lo postuló originalmente, éste seguirá teniendo como prioridad la lealtad y el trabajo hacia el partido que lo propuso y en un segundo plano a la ciudadanía (como hasta ahora la mayoría lo hace).



    El segundo punto es que la reelección es sin duda un tema "tabu" por simple herencia histórica, pero que puede ir evolucionando si comenzamos por limitar el número de períodos a los que se puede reelegir (yo me inclinaría por perídos de 4 años (como en Coahuila =) ) y un periodo posible para reelección, hasta que fueramos creciendo y madurando políticamente como sociedad.



    Concluyendo, planteas de manera acertada una de las soluciones para romper con el monopolio de los partidos, las candidaturas ciudadanas. El argumento más conduntente para permitir la reelección es que contituye uno de los principios fundamentales de la democracia, la posibilidad de que los ciudadanos podamos elegir a la persona que queremos (que la mayoría queramos) sin importar si tiene partido o no, o si es el actual alcalde. Esto aunado a un estricto marco jurídico que permita la transparencia y una adecuada rendición de cuentas para que los ciudadanos podamos efectivamente evaluar el trabajo de los servidores públicos y premiarlos con nuestro voto nuevamente.



    -Pável Javalera
  • Roger Aleph
    Amigo, difiero de las ventajas que sugieres la reeleción tendría. Primero, hay que tomar en cuenta que sólo 300 municipios en México tienen más de 60mil habitantes, lo cual implica que los casi 2,200 restantes tienen un población pequeña y en general pobre. Los alcaldes de esas pequeñas comunidades no tienen los incentivos ni para rendir cuentas ni para cumplir y muy fácilmente puede llegar a reelegirse presionando a la población con los viejos métodos del PRI y ahora el PAN y PRD.
    Segundo, la reeleción implicaría que el resto de los miembros del cabildo fueran suceptibles a lo mismo, lo cual en el corto plazo generaría una aristocracia gobernante muy enquistada.

    Tercero, si bien la administración municipal tiene muchas fallas una de sus ventajas es la estructura misma del cabildo y la representación proporcional de algunos de sus miembros. Uno de los problemas es que al ser electos en fórmula la representación proporcional pierde algunas de sus ventajas. Por qué no mejor proponer una reforma que cambie el sistema de elección por uno similar a un parlamento, donde el gobierno se forme por mayorías? Así al mismo tiempo en las zonas metropolitanas que incluyen varios municipios podría formarse asambleas colegiadas que tomaran decisiones más eficientes.

    Bueno, son algunas largas ideas para la reflexión.

    Saludos.
  • @pepevillatoro
    Me comentaba mi cuñado que un día en un pub de Southampton se hizo amigo del alcalde, que estaba tomando una cerveza junto a él en la barra.
    Otro día, una diputada fue a su casa un domingo a preguntarle qué necesitaba, qué quería y sus opiniones en general. Allá es una práctica común, casa por casa.

    Yo también pienso que necesitamos forzar a que los políticos se acerquen a la sociedad y también que nosotros los mortales nos informemos y al menos sepamos quién es nuestro diputado y qué apoya.

    Te dejo aquí mis argumentos que escribí hace unos meses a ver si les puedes echar un ojo de venado.

    http://pepevillatoro.com/?p=89

    Saludos
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