2009
La Rifa del Tigre
Planeacion Urbana, VanguardiaAyer celebramos elecciones y con ellas iniciamos una nueva etapa en Saltillo. ¿Cuáles son los retos que deberá afrontar el nuevo Ayuntamiento? ¿Qué podemos esperar del nuevo alcalde?
Las preguntas son propicias. Saltillo está en un momento importante en su desarrollo. Ya no es un pueblo. De hecho, es del mismo tamaño poblacional que Sevilla, España. Sin embargo tampoco es una gran metrópoli. A diferencia de gigantes como la Cd. de México, Saltillo puede todavía orientar su crecimiento. En términos biológicos, habitamos una ciudad adolescente, que aunque ha adquirido vigor propio todavía no culmina su formación. Todo lo que hagamos y lo que dejemos de hacer importa.
Más allá de lo que prometieron los políticos y de lo que deseamos los ciudadanos, el contexto determinará la agenda municipal. A su llegada al Palacio de Coss, el nuevo equipo será recibido por tres determinantes: a) contracción presupuestal, b) incertidumbre económica y c) inercias de crecimiento desordenado. Sin duda será difícil gobernar bajo estas circunstancias. Sin embargo detrás de cada uno de estos nubarrones se esconden grandes oportunidades. Con ingenio y liderazgo, nuestros nuevos gobernantes podrían aprovechar al tigre que ganaron en la rifa.
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Etiquetas: elecciones, espacio publico, finanzas, saltillo



\"Soy pesimista sobre las probabilidades... soy optimista sobre las posibilidades\". -Lewis Mumford




De la contracción presupuestal
Los municipios en México son adictos a las transferencias federales (a los interesados recomiendo esta columna de Macario Schettino). Esta fuente de recursos les permite gastar sin preocuparse por generar ingresos propios. Mientras los pesos fluyen desde arriba, las ciudades se llenan de obras sin que sus gobiernos paguen el costo político de cobrar impuestos. ¿A qué alcalde podría disgustarle este arreglo? Sin embargo la fiesta está terminando. La crisis económica obliga a repensar el modelo.
Desde que el Secretario de Hacienda comenzó a cerrar la llave, las tesorerías municipales convalecen. Las participaciones federales a gobiernos locales cayeron 21.3% en el primer semestre del año, colocando a cientos de municipios al borde de la quiebra. En todo México recortan programas, cancelan obras, reducen nóminas y contratan deuda. Si nuestro alcalde quiere evitar esa ruta, deberá invertir parte de su capital político fortaleciendo la recaudación de impuestos sobre la propiedad raíz.
En 1999, el Congreso de la Unión reformó la Constitución para permitir a los Ayuntamientos incrementar sus ingresos por esta vía. Desde entonces los municipios están facultados para determinar el uso de suelo de las propiedades en su territorio y para proponer las tasas sobre las que se calculan nuestras contribuciones. Además, están obligados a mantener actualizados los valores catastrales. Sin embargo, el cálculo político se impone. ¿Para qué arriesgar la ira del elector y de los intereses inmobiliarios, si las transferencias generan recursos suficientes para gobernar?
En el 2008, los impuestos locales representaron solo el 17% de los ingresos del municipio (ver imagen abajo). Lo que es peor, recaudamos menos que ciudades similares. Saltillo recauda aunualmente $160 pesos per cápita por concepto de predial, mientras que Torreón recauda $217. Si creemos en la autonomía municipal, y si queremos hacernos cargo de nuestro propio desarrollo, es urgente poner atención en la manera en que financiamos la ciudad.
La actual contracción presupuestal puede ser el elemento que faltaba para tomar en serio la reforma de 1999. Por primera vez en mucho tiempo, el alcalde encontrará un escenario propicio para intentar mejorar las finanzas municipales. Si bien a la gente no le gusta pagar impuestos, menos le gustará que el camión de la basura deje de pasar, o que la patrulla no haga su rondín por la colonia. Solo el nuevo alcalde puede presentarnos estos contrastes. Ojala lo haga, pues Saltillo no puede posponer esta discusión.
Contrario al cálculo político tradicional, fortalecer las finanzas no equivale al suicidio. La experiencia internacional –como la observada en Porto Alegre, Brasil- sugiere que si el esfuerzo se acompaña de un proceso incluyente y transparente, en la que el ciudadano obtenga el control sobre el destino de sus recursos, la recaudación local puede incrementarse. Ojala que el nuevo gobierno vea a la contracción presupuestal como una oportunidad y no como una excusa. En esta materia, hay mucho por hacer.
De la incertidumbre económica
La crisis financiera ha lastimado más a Coahuila que a ningún lugar de México. Según cálculos del economista Alejandro Dávila, la caída del PIB coahuilense en la primera mitad de 2009 fue de 24% (Vanguardia, 11/10/09). El epicentro de este descalabro está sin duda en Saltillo. Nuestra profunda dependencia en un solo mercado –el norteamericano- y en una sola industria –la automotriz- genera un escenario de incertidumbre económica en la región. A pesar de un millonario rescate gubernamental, la supervivencia de GM y de Chrysler continua en duda. Los problemas de Detroit son reales y se sienten en Saltillo.
La celebrada alianza de Chrysler con Nissan, que incluía la producción de la camioneta Titán en Derramadero fue cancelada. Aún no sabemos si Fiat -hoy propietario de Chrysler- incrementará su producción en México o si fortalecerá a Brasil, su base histórica en el continente. GM dejó de pagar reparto de utilidades a sus empleados en México y recién suspendió la producción del Saturn Vue en Ramos Arizpe, posponiendo la esperada contratación de 300 trabajadores.
A pesar del optimismo de la directiva de GM-México, mientras no crezca nuestro mercado interno será difícil ampliar significativamente su producción al sur del Bravo. De acuerdo con el recién renegociado contrato de GM con su sindicato en Estados Unidos, todo proyecto en México será revisado con lupa (escribí sobre esto acá). Esto no es problema menor pues la United Auto Workers, hoy propietaria del 18% de la empresa, considera a la competencia mexicana como fuente principal de sus problemas.
A raíz de esta incertidumbre el dinero no circula en Saltillo. Las familias limitan sus gastos, y los sectores comercial y de servicios resienten el golpe. Hay muchas voces que piden esperar a que pase la tormenta. Estoicos, explican que la economía de nuestros vecinos se recuperará, permitiéndonos seguir tan felices como siempre. Quizás tengan razón, pero también es cierto que esta crisis representa una llamada de atención para la ciudad. De un día para otro, Detroit anunció el cierre de decenas de plantas y el despido de miles de trabajadores en Estados Unidos. ¿En serio es impensable que ocurra algo similar aquí?
Así como otras urbes se preparan para recibir huracanes, en Saltillo debemos prepararnos para la vida post-automotriz (algunas ideas aquí). El alcalde es el funcionario mejor posicionado para convocar a una reflexión sobre el futuro económico de nuestra región. En Saltillo nos asumimos irremediablemente ligados a la industria automotriz, pero olvidamos que Chrysler y GM llegaron a la ciudad apenas hace 30 años. En solo tres décadas, transformamos nuestra vocación productiva y nuestro perfil económico. El matrimonio ha sido feliz pues aceleró nuestra industrialización y nos vinculó con la economía global. Sin embargo esta especialización tiene sus costos, sobre todo cuando la concebimos como destino y no como un escalón en nuestro camino al desarrollo.
Nuestros jóvenes no estudian para inventar la nueva batería de litio, sino para ser ingenieros en Magna. Nuestros empresarios ya no buscan producir autopartes, sino administrar parques industriales. Los apoyos del gobierno ya no respaldan a quienes intentan cosas nuevas (como a los multi-celebrados diseñadores del Grupo W), sino a las firmas que amenazan con abandonar la plaza (como los $14 millones ofrecidos a GM por el Gobierno de la Gente).
Saltillo necesita construir su futuro. La incertidumbre económica obliga a reflexionar al respecto.
Del crecimiento desordenado
Saltillo ha crecido mucho en poco tiempo. En 1950 habitaban la ciudad 70,000 personas. En 2009, somos casi 700,000. Esta cifra esconde la dimensión del reto pues el crecimiento territorial ha sido mucho mayor al crecimiento poblacional. Saltillo ya no es una ciudad para peatones, sino para coches. Al transformarla, hemos desparramado la mancha urbana y dejado de priorizar el espacio público. La prioridad es la avenida y no la banqueta, el estacionamiento y no el parque, la eficiencia y no la convivencia. Esta dinámica crece en intensidad pues a pesar de numerosos terrenos baldíos, seguimos construyendo en la periferia. No hablo solo de los fraccionamientos de interés social, sino también de iniciativas gubernamentales como el suburbio industrial en Derramadero y la Cd. Universitaria en Arteaga.
Este patrón de crecimiento, resultado de fuerzas del mercado pero aparentemente adoptado como política pública, obliga al municipio a extender innecesariamente su red de servicios. Quien mucho abarca poco aprieta, y Saltillo debe llevar transporte, alumbrado, seguridad pública y recolección de basura cada vez más lejos. El crecimiento es deseable, por supuesto, pero podemos crecer de manera más inteligente (aquí hay algo que escribí al respecto en el 2006).
Las consecuencias del dejar hacer, dejar pasar se sienten. El concesionario de transporte recorre más kilómetros para recoger menos pasajeros,
por lo que siempre está al borde de la quiebra (un comentario sobre este tema acá). A pesar de grandes inversiones en infraestructura vial, los tiempos de traslado en coche tampoco dejan de incrementarse. Y mientras tanto las áreas centrales, que concentran nuestra infraestructura, siguen llenándose de edificios abandonados y locales vacíos (muy a pesar de la reciente manita de gato). En el camino Saltillo pierde su identidad y espíritu de comunidad. Poco a poco, la convertimos en un océano de pavimento, embotellamientos y Farmacias Guadalajara.
El momento que vive la ciudad invita a hacer un alto en el camino para explorar alternativas. No hace falta inventar el hilo negro. En todo el mundo hay gobiernos trabajando por un urbanismo más sustentable y justo. Bogotá, Curitiba, Londres, Portland y nuestra ciudad hermana de Austin ofrecen estupendas referencias. Sus líderes descubrieron que ordenar el crecimiento urbano tiene sentido no solo por ser lo responsable, sino también por ser lo más estratégico en términos de competitividad. La evidencia es contundente. Las ciudades más habitables son también las más propicias para la innovación.
El nuevo alcalde podría plantear estrategias para mejorar nuestro patrón de crecimiento urbano. Las decisiones sobre que, como y donde construimos afectan a todos, incluso a quienes todavía no nacen. Por ello urgen instituciones que detonen una planificación urbana flexible, transparente y democrática. Hay que revivir el COPERES, pero también hay que hacer de la Dirección de Desarrollo Urbano una verdadera central de estrategia. Los institutos de planeación de Chihuahua y de Cd. Juárez son modelos que valdría explorar.
La llegada de nuevos alcaldes también representa una oportunidad para archivar los celos y envidias que evitan la coordinación metropolitana en la región. Los habitantes de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga formamos parte de un mismo todo, y el brazo izquierdo no tiene por que competir con el derecho. No hay duda. Para crecer mejor hay que crecer coordinadamente. (Aquí hay más sobre la importancia de promover la agenda metropolitana en Saltillo-Ramos-Arteaga)
La nueva alcaldía puede y debe impulsar una estrategia para reorientar el patrón de crecimiento de Saltillo. Sin duda es en este tema donde puede dejar mayor huella.
Tres oportunidades
Contrario a lo que se piensa, la contracción presupuestal, la incertidumbre económica y el crecimiento desordenado representan bendiciones disfrazadas. Los problemas que generan son tan grandes que por primera vez es imposible dejarlos para después. El público los percibe cada vez más cercanos, y el alcalde que los ignore condenará a su administración a la intrascendencia. El gobierno que elegimos ayer tiene una sola alternativa: Enfrentar estos temas con creatividad y valentía, invitándonos a imaginar un Saltillo diferente.
El nuevo alcalde tiene mucho a su favor. Amor por Saltillo, juventud, cercanía con el Gobernador, respaldo popular y sobre todo cuatro años para trabajar sin distraerse. Es cierto que se sacó la rifa del tigre, pero no se vislumbra mejor momento para domesticarlo.
Bienvenido Alcalde. Hay mucho por hacer. ¿Seguimos la conversación en twitter?