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13 Sep
2009

Filosofando

Cosas que leí

Me declaro Kuhniano. Estoy terminando de leer “La Estructura de las Revoluciones Científicas, un libro en el que Thomas Kuhn propone que a pesar de que la humanidad progresa habitualmente en pequeños saltos, de vez en cuando require de un gran brinco, de un parteaguas, de una epifanía. Kuhn escribió esto en los sesentas, y se enfocó exclusivamente en la historia de la ciencia. Sin embargo sus conceptos me parecen aplicables hoy, incluso en el campo de las políticas públicas. El resumen de este libro (y de lo que me hizo pensar) va mas o menos así:

Empezamos sin saber nada, por lo que los esfuerzos de la humanidad (y del gobierno) son como balazos de escopeta. Aquí y allá se desarrollan esfuerzos desarticulados, experimentos para ver que funciona y que no. Poco a poco, en cada campo del conocimiento (o area de responsabilidad gubernamental), vamos aprendiendo y nos vamos especializando. Basandose en sus experiencias, los investigadores (o funcionarios) desarrollan sus propias reglas y prácticas, que orientan y limitan la exploración que emprenden las próximas generaciones. Llega el punto en el que se establece un paradigma (o una política pública) que nadie se atreve a retar. Este paradigma se convierte en la verdad aceptada, en la manera de hacer las cosas, en el eje articulador (¿en ideología del programa del gobierno?).

Pienso en algunos paradigmas que observo bien vivos en el campo de lo público: A) Que el sector privado hace mejor las cosas que el sector público. B) Que el público tiene preferencias tan definidas que no está dispuesta a escuchar una propuesta alternativa. C) Que la participación ciudadana es una pérdida de tiempo.

Mientras nadie los rete, estos paradigmas seguirán dominando la agenda. Esto continuará -diría Kuhn- hasta que surgan fenómenos que cuestionen la validez o vigencia del paradigma. Pienso por ejemplo en el calentamiento global o en la crisis hipotecaria en Estados Unidos, dos fenómenos que ponen en tela de juicio la sabiduría de políticas de laisser faire. Pienso en el actual debate por reformar el sistema de salud de Estados Unidos, donde Obama se juega su capital político, convencido de que es posible transformar las preferencias de su público. Pienso en el movimiento anulacionista en las pasadas elecciones en México, que evidenció que una parte importante de la población de este país no se siente representada por ninguna fuerza política, y que a pesar de ello desea participar.

Hay una “crisis en los paradigmas” diría Kuhn, y quizá una revolución en puerta.

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  • Fraga

    Otro paradigma:
    estábamos mejor cuando estábamos peor: que regrese el PRI a Los Pinos.