2009
El movimiento que no existe (todavía)
Planeacion Urbana, Política y ciudadanía, Vanguardia
Existe en Saltillo un movimiento social en ciernes. Sus miembros defienden proyectos diversos ante diferentes públicos, y por ello no han descubierto lo mucho que tienen en común. Atomizados y sin una estrategia conjunta, son tachados de idealistas y locos, y sus propuestas rara vez adquieren el arrastre necesario para pasar de lo deseable a lo posible. Ninguno de estos ciudadanos representa una fuerza política de cuidado, pues actúan principalmente de forma individual o en pequeños grupos. Sin embargo, si alguna vez trabajan en conjunto, estos saltillenses podrían articular una visión capaz de transformar a nuestra ciudad.
De distintos modos, estos saltillenses luchan por cambiar las prioridades de quienes nos gobiernan. Hablo de vecinos como aquellos que el año pasado propusieron construir un parque lineal en los Arroyos Tórtola y Charquillo, y de ambientalistas como los que recientemente alzaron la voz para detener la construcción de fraccionamientos en las laderas de la Sierra de Zapalinamé. Me refiero a los grupos estudiantiles que protestan anualmente contra el mal servicio del transporte público y a los ciclistas que sueñan con un gobierno que acepte y promueva a la bicicleta como una alternativa real de movilidad.
Podríamos incluir a las personas con capacidades diferentes que demandan banquetas y accesos adecuados, y a tantos deportistas que ante la ausencia de instalaciones, transforman calles y baldíos en estadios domingueros. En este movimiento que todavía no lo es caben artistas locales y pequeños comerciantes, pues unos y otros requieren de espacios públicos abiertos y vivos, capaces de sacar a la gente de sus casas y coches.
Estos grupos aún no actúan en conjunto. Unos luchan por canchas y otros por parques. Unos se limitan a pedir rampas y otros a solicitar banquetas limpias y atractivas. Unos piden mejores servicios y otros mayor respeto al medio ambiente. Sin embargo todos son parte de una misma lucha –hasta ahora tímida- por un uso más democrático y sustentable del espacio público.
Lo que une a estos ciudadanos no es ni lealtad a un partido político ni identidad con una clase social. No se sienten representados por las organizaciones políticas tradicionales, y seguramente muchos de ellos consideraron anular su voto en la pasada elección federal. Distan de ser mayoría, pero a juzgar por lo que ocurre en otros lugares del mundo, representan el futuro. La misma globalización que ha herido de muerte a movimientos históricos como el obrero y campesino, fortalece y energiza a quienes abanderan la lucha por un mejor uso de los espacios en la ciudad.
Si estuviese organizado, este movimiento aplaudiría muchas acciones de la administración de Humberto Moreira. La transformación de la Calle de Victoria, la iluminación de la Catedral, la construcción del Gran Bosque Urbano y la reciente renovación del Parque El Chapulín son obras que pueden y deben celebrarse.
De la misma forma, el movimiento no se dejaría deslumbrar por las grandes obras viales de este sexenio. Sus posibles miembros, cada uno desde su trinchera, ya perciben como en cuatro años hemos perdido la escala humana en nuestra capital. Tiene razón Catón, Saltillo es otra cosa.
Los síntomas están por doquier: El automóvil es cada día más necesario para trasladarse eficientemente, y cruzar caminando una avenida es casi un deporte extremo. El centro de la ciudad está repleto de locales vacíos, mientras que los consumidores se vuelcan a los grandes centros comerciales. Ni el camión, ni la ambulancia, ni la patrulla llegan a tiempo, pues proveer servicios públicos en una ciudad tan desparramada es difícil y caro.
Todo lo anterior no es consecuencia del crecimiento natural de la ciudad, sino de una visión urbana promovida desde el Gobierno sin oposición alguna. Ocupados cada uno en sus batallas personales, los reclutas de este movimiento pierden la guerra por la sustentabilidad. No se conocen, no se apoyan, y perciben sus luchas como independientes entre si. Actúan como los pueblos bárbaros de la antigua Galia, que incapaces de construir un frente común, defendieron sus ciudades pero perdieron su país entero ante el poderío romano.
Sin un movimiento social vigoroso que alce la voz, los políticos nunca dejarán de pensar en el corto plazo. Está claro que por si solos los estudiantes, los pequeños comerciantes, los artistas, los deportistas y los ambientalistas ejercen una influencia muy limitada sobre la agenda gubernamental local. El gobierno no los ve, y la oposición no los busca. Es tiempo de organizarse e intentar algo distinto.
Imagen: http://www.habitants.org/
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Etiquetas: espacio publico, saltillo, sustentabilidad

\"Soy pesimista sobre las probabilidades... soy optimista sobre las posibilidades\". -Lewis Mumford



