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18 Jun
2009

Futurama en Saltillo

Encabezados, Vanguardia

El Gobierno del Estado impulsa tres grandes proyectos que transformarán profundamente nuestra ciudad: El “Valle Chrysler” en Derramadero, la “Ciudad Universitaria” en Arteaga, y el “Sistema Vial”, conformado por 34 puentes y pasos deprimidos en todo el municipio. Los tres proyectos son imponentes, multimillonarios y populares. Los tres -vistos en conjunto- recuerdan a Futurama, la “ciudad del mañana” imaginada en 1939.

Futurama fue la exhibición más popular en la Feria Mundial de ese año en Nueva York. Apropiadamente patrocinada por General Motors, reflejaba con todo su esplendor el “sueño americano”: tener casa en los suburbios y auto en la cochera. En Futurama, un sistema de autopistas de alta velocidad permitiría conectar los empleos con los hogares, separados por kilómetros de bosques y granjas. Las tensiones de la jornada podrían dejarse en la “ciudad-oficina” o en la “ciudad-escuela”, y después de un relajante viaje en coche escuchando música clásica, sería posible regresar al hogar para disfrutar de la convivencia familiar. ¡Ah, que vida!

(Nota: puedes ver algunos videos de Futurama en mi post anterior)

Setenta años después, es posible identificar las limitaciones de este modelo de crecimiento urbano. Basta analizar lo sucedido durante el siglo XX en la gran mayoría de las ciudades norteamericanas para descubrir lo que nunca mostraron las maquetas de Futurama. La “ciudad del mañana”, concebida como una red de distantes suburbios conectados por autopistas, es tan ineficiente como inequitativa.

En Futurama, o en Los Ángeles, o en Houston, es imposible concebir la vida sin auto, y los centros están en franca decadencia. Las autopistas se llenaron, los sistemas de transporte público fueron muriendo, y los gases emitidos por millones de mofles pronto se convirtieron en una seria amenaza al medio ambiente. Las autopistas abrieron zonas cada vez más lejanas para el desarrollo, reduciendo la densidad de las ciudades y por lo mismo encareciendo los servicios públicos. Literalmente, los más pobres, aquellos que no pueden pagar una residencia bien ubicada o un automóvil para trasladarse, no pueden acceder a los empleos que necesitan.

En Futurama, o en Phoenix, o en Dallas, las oportunidades de convivencia con quien es diferente a ti son eliminadas por sistema. Los suburbios son instrumentos para la exclusión social, enclaves que asemejan más un club privado que un barrio de la ciudad. Como la plaza pública es sustituida por el estacionamiento y la banqueta por la avenida, los últimos reductos de espacio público se privatizan. El sentido de pertenencia a la comunidad persiste, pero reducido en su alcance geográfico. Los habitantes son “ciudadanos”, pero solo de su suburbio, y por lo tanto los problemas de quienes viven fuera de él son considerados ajenos.

Este horizonte urbano, inspirado en Futurama y replicado en todo Estados Unidos durante el siglo XX, no es simple consecuencia de las preferencias individuales de la gente. Como ha documentado Gerald Frug, es el producto de una multitud de políticas públicas, impulsadas por una coalición de gobernantes, constructores y desarrolladores que comparten una idea muy particular de “la modernidad”. Lamentablemente, la visión del futuro de Saltillo en 2009 sigue inspirada en ese distante 1939, como si fuese necesario repetir los errores de nuestros vecinos para alcanzar el desarrollo.

Aunque tanto el “Valle Chrysler” como la “Ciudad Universitaria” tienen innegables virtudes, no deja de haber algo equivocado en la idea de ubicar los salones de clase quince kilómetros al este y los empleos 23 kilómetros al sur de Saltillo. Convenientemente, los expertos que promueven ambos proyectos presumen del bajo costo de la tierra, sin considerar nunca los costos de extender la infraestructura urbana hasta allá, o los costos de traslado para estudiantes y trabajadores.

Aunque los puentes sean majestuosos, pareciera que la única política de movilidad urbana que alcanza presupuesto del Estado es la guerra contra los semáforos. Mientras tanto, en Saltillo no existe todavía ni un centímetro de ciclopistas, se siguen autorizando fraccionamientos en lugares cada vez más alejados y la urgente reforma al sistema de transporte público no pasa de declaraciones sin contenido.

Pareciera que el Gobernador Moreira ha traicionado a su instinto. En lugar de utilizar su influencia sobre la ciudad para crear una urbe más eficiente y equitativa, ha sucumbido ante quienes recomiendan megaobras para hacer meganegocios. Según el Gobernador, sus obras están inspiradas en Chicago y en San Antonio y compiten por ser las “más modernas de México” (Zócalo, 27/Abril 09). Puede ser, pero también recuerdan a Futurama en 1939.

P.D. Nos vemos en Twitter: www.twitter.com/oneflores

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  • elpollus

    Ajale! Pensar que tenía la primicia. Por cierto, no le voy a entrar a la consultoria.. por lo mismo que mencionas en el artículo. Sigo desempleado y pobre, pero muy digno jaja