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7 May
2009

De incrédulos e inconformes

El Universal, Política y ciudadanía, Vanguardia

epidemia de influenzaHe leído muchísimos comentarios sobre el manejo de la epidemia de influenza. Hoy que la tormenta parece atemperar, emergen algunas voces que cuestionan la actuación del Estado. Podemos agrupar a los críticos en dos grandes campos, el de los incrédulos y el de los inconformes. Si al subestimar a los primeros ignoramos a los segundos, perderemos la oportunidad de discutir las verdaderas lecciones de esta crisis.

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Los argumentos de los incrédulos representan un blanco fácil, pues no son sino una invitación al mundo del hubiera. Finalmente no sabemos, ni podemos saber, que hubiese pasado si nuestra vida hubiera continuado como si nada, llenando estadios, escuelas y restaurantes. Quizá un solo portador del virus, rodeado de miles de almas gritando gol, hubiese sido suficiente para detonar al Apocalipsis. O quizá, como sostienen algunos incrédulos, no hubiese pasado demasiado.

En esa competencia de hipotéticos, las visiones catastrofistas se combaten con visiones todavía más catastrofistas, y tiende a ganar quien genera mayor alarma. En este caso las predicciones de pérdida de empleos, aún en época de crisis económica, no pueden competir contra la posibilidad de un número elevado de muertes. Ambos escenarios son indeseables, pero si tenemos que escoger entre repetir a la depresión de 1930 o la epidemia del 1918, la decisión está clara. El miedo se convierte en aliado de la prudencia, y por eso las críticas de los incrédulos pronto se desvanecen.

Los cuestionamientos de los inconformes son mucho más robustos. No lanzan sus dardos contra el Gobierno de Felipe Calderón, sino contra la oferta del Estado Mexicano; no se preocupan por “el manejo” de la crisis, sino por lo que el episodio sugiere sobre la debilidad de nuestro sistema de salud. En esto los números no mienten. En Estados Unidos, con 642 casos de H1N1 confirmados, se han registrado solo dos muertes. Por el contrario en México, con 1112 casos confirmados, el número de muertos asciende a 42. Es decir, se mueren aproximadamente 10 mexicanos por cada norteamericano afectado por el mismo virus.

Las causas de esta disparidad son muchas, y todas son alarmantes, particularmente cuando consideramos la posibilidad de una segunda ola de contagio. La cobertura y alcance de nuestras instituciones de salud es insuficiente, y el acceso está terriblemente estratificado por clases sociales. La capacidad de nuestros laboratorios –tanto de diagnóstico oportuno como de producción de vacunas- ha sido disminuida en las últimas décadas, y las magras inversiones en ciencia y tecnología sugieren que el rezago continuará expandiéndose. Como consecuencia, los mexicanos afectados dependen de sus propios bolsillos para garantizar tratamiento adecuado y oportuno, y el Estado depende de instituciones extranjeras para identificar la enfermedad y producir una cura.

Si bien es verdad que el Estado respondió con decisión y responsabilidad ante esta emergencia, también es cierto que el episodio ha desnudado sus más profundas limitaciones. Sobre estas carencias es que los inconformes buscan construir un necesario debate nacional, y haríamos bien en escucharlos. ¿Cuándo, si no ahora, será momento para repensar nuestro sistema condicionado de seguridad social? ¿Cuándo, si no ahora, podemos discutir sobre la necesidad de fortalecer o refundar nuestras instituciones de investigación y sobre la urgencia de ampliar los presupuestos para la ciencia y tecnología?

A pesar de la oportunidad que abre esta epidemia para analizar críticamente al sistema de salud en el país, hasta ahora la mayoría de los miembros del sistema político han preferido ignorar a los inconformes para responder a los incrédulos. Quién encabeza esta cruzada de defensa selectiva es Germán Martínez, Presidente Nacional del PAN. Su editorial de apenas hace dos días en El Universal acusa a los incrédulos de “subdimensionar”, “subvalorar” y “subentender” el riesgo que enfrentamos. Pero asumiendo que estamos convencidos de la existencia de un riesgo fundado, ¿que propone el Presidente del PAN para transformar nuestro sistema de salud? ¿Qué iniciativas prepara su partido al respecto? ¿Qué le contesta a los inconformes, que han llenado las planas de periódicos con editoriales sobre el tema? Todavía nada, desafortunadamente.

Quizá la ausencia de argumentos dirigidos a los inconformes responde a lo reciente de la emergencia. Todavía no nos recuperamos del golpe, y los actores políticos apenas comienzan a desmenuzar lo aprendido. Si este es el caso, las próximas elecciones legislativas serán escenario propicio para iniciar la transformación de esta crisis en una estrategia de Estado. Si no es así, debemos de alzar la voz.

Para los incrédulos, el tema termina cuando se levante la contingencia sanitaria. Para los inconformes, la batalla apenas comienza. ¿En que campo estás tú? Sigueme en Twitter

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