2009
Susurros con miedo
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Los Mexicanos susurramos y compartimos historias, eso que le pasó a la amiga de mi primo, o a la socia de mi cuñado, o a mi vecino. La anécdota se antoja cada vez más personal, mas cercana, más terrible. En México tenemos miedo, y nadie nos cuida. Ayer leí una de las más impactantes crónicas sobre la ola de violencia en el noreste de México que he encontrado hasta ahora. La escribe un anónimo, y la publica en una revista en Perú, pero se lee como una plática con un amigo, o con un vecino, o con un pariente. Ya nada sorprende, salvo la capacidad de seguir con la vida como si nada, a pesar de caminar en un campo lleno de minas.
El texto completo se llama apropiadamente “los narcos son los nuevos dueños de la ciudad“. Este es un fragmento:
¿Cómo hacer que no parezca que uno se hace güey? Aunque también, posiblemente, eso es lo que estamos haciendo. ¿Quiénes son? ¿Por qué yo? Cualquiera puede ser. La conclusión es que nadie nos puede proteger. ¿Por qué tanto miedo? Porque ya no hay reglas. O tal vez existan sólo dos: ellos mandan y nadie está a salvo. El pánico de pensar que sigues tú. El miedo es de saberte desprotegido y de sentirte un blanco. «Impone Narco su Ley», anunciaba el encabezado de El Norte del 13 de febrero. Instintivamente busqué la firma: ¿quién se atrevió a decirlo? Staff. Cada vez hay más noticias que nadie firma, o que firman todos, porque nos consuela pensar que no es posible que se vayan contra todos
Porque hay cabezas en las calles. Porque hay cuerpos con mensajes encajados. Porque los cuerpos se deshacen en el ácido. Militares degollados. Las cuentas se ajustan en público. Para que veamos. Para que sigamos sin hacer nada. Sin decir. Es un miedo indestructible de que se hayan llevado a alguien, de que vuelvan después por ti. El miedo pegajoso que te vuelve lentos los pasos….
…Antes los narcos eran los que tenían una doble vida. Ahora somos nosotros. Los que vamos a trabajar por fuera, como si todo estuviera bien, y por dentro escondemos un terrible secreto que no podemos compartirle a nadie. Se llama miedo. Nos lo trasladaron a nosotros. Ellos se despojaron de sus precauciones, de sus desconfianzas y van exhibiendo sus armas por las esquinas donde hay un semáforo en rojo. Así como los niños afganos cuando no sabían cómo se escuchaban las bombas. Hicieron del miedo parte de nuestra vida. Y nosotros lo invitamos a pasar y lo regamos y lo cuidamos y lo cultivamos.
Foto: IdeaFixa issue #10 Fear and Loathing: February 2008 – www.ideafixa.com
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Etiquetas: delincuencia

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