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6 Mar
2009

La Amenaza (in)creíble del Ayuntamiento

Transporte, Vanguardia

Por las prisas olvidé subir mi artículo de ayer en el Vanguardia. Aquí está:

La Amenaza (in)creíble del Ayuntamiento

A Jesús Figueroa, líder de los transportistas en Saltillo, no le asusta la amenaza del Ayuntamiento de retirarles las concesiones si vuelven a hacer paro. Para probarlo basta leer su respuesta al ser cuestionado al respecto: “¿por qué las vamos a dejar?, si son nuestras” (Vanguardia, 20/02/09).

No importa que sus agremiados brinden el servicio a nombre de la ciudad. No importa que la ley establezca una serie de controles y facultades del Ayuntamiento sobre los concesionarios. El mensaje de Figueroa no es jurídico, sino político: Que el Ayuntamiento ejerza su autoridad bajo su propio riesgo. Si el Gobierno renunció durante décadas a la planeación, supervisión y evaluación del servicio, que no se le ocurra intervenir ahora.

El pasado 16 de febrero los transportistas demostraron que están dispuestos a todo para proteger sus intereses. Con la excusa de manifestarse contra el Gobierno Federal por el precio del diesel, paralizaron a toda la ciudad. No les preocupó que en estas épocas de despidos masivos los saltillenses no pueden darse el lujo de llegar tarde a trabajar. No les importó que los funcionarios que regulan el precio del combustible despachen en el D.F. y no en las calles de Saltillo. Si los concesionarios consideran que atropellar a la ciudadanía es necesario para cumplir sus objetivos, pues que así sea. En un tronar de dedos, volverán a desquiciar la movilidad en la ciudad.

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Esa capacidad de secuestrar a la ciudad, recién demostrada, explica la actitud retadora del gremio. Pocos gobernantes podrían pagar el costo político de una huelga prolongada del transporte público, particularmente si esta ocurre en año electoral. ¿Quién va creer la amenaza del Alcalde sobre retirarles las concesiones a los transportistas, si en la práctica el gremio domina el sistema? Son los transportistas quienes finalmente trazan las rutas, definen horarios y verifican las frecuencias. Aprovechando su influencia sobre el sistema político y la debilidad del Ayuntamiento, los líderes del gremio dan y quitan concesiones, controlan los procesos para renovarlas, y como demuestran los aumentos en la última década, fijan la tarifa. Como dice Figueroa, son “sus” concesiones.

Cuando una amenaza no es creíble, no sirve como instrumento para modificar comportamientos. Pasa como con la amenaza de pena de muerte a secuestradores. Si el criminal no cree que lo van a atrapar, y si considera que aun cayendo en manos de la policía será fácil recuperar su libertad, la amenaza no es efectiva.

El reto entonces es crear las condiciones para que la amenaza –no de cancelar algunas concesiones, sino de reformar la totalidad del sistema de transporte en Saltillo- sea creíble. La actitud valiente de Jorge Torres, demostrada hasta ahora, debe complementarse con una estrategia para abrir una ventana de oportunidad para futuras administraciones. Nadie espera que en unos meses Jorge Torres revierta décadas de captura del sistema. Sin embargo, este alcalde está bien posicionado para al menos romper con la inercia: Tiene independencia, por no deberle ni un voto al gremio transportista. Tiene margen de maniobra, por su cercanía al Gobernador. Y tiene suerte, pues los transportistas saben que una parte importante de sus concesiones expiran pronto. ¿Cómo aprovechar esto?

Haciendo algo que ningún alcalde quiere hacer, planificar para el largo plazo. Cualquier futuro alcalde que piense en invertir su capital político en reformar el sistema de transporte debe tener claridad sobre la alternativa que propone. ¿Cuánto cuesta? ¿De dónde saldrán los recursos? ¿En cuánto tiempo podemos implementar el cambio? ¿Quién va a brindar el nuevo servicio? ¿Bajo que reglas y con que características?

Responder estas preguntas no es sencillo. Las reformas exitosas a los sistemas de transporte masivo tardan años en cristalizarse. Los análisis de factibilidad, el rediseño de las rutas, la licitación del servicio y la capacitación del ente regulador, son procesos complicados y costosos. Cualquier error puede descarrilar el intento. El camino es tan cuesta arriba, que los políticos pragmáticos se dan por vencidos antes de empezar. Por ello la mayoría de los alcaldes prefieren llenar la ciudad de puentes antes meterse en camisa de once varas reformando el transporte público.

La administración de Jorge Torres puede romper con este círculo vicioso. Si resiste las presiones de renovar anticipadamente las concesiones, y si realiza los estudios que den soporte a un proyecto integral de reforma, Jesús Figueroa y su gremio tendrán que escuchar con más cuidado las amenazas del próximo alcalde.

Y la ciudad podrá agradecérselo a Jorge.

Fotografía:“I Love Tendeparacua”
subida a Flickr por: TurriLG

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