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29 Mar
2009

Hacer es más difícil que soñar

Planeacion Urbana, Políticas públicas y Urbanismo

Cuando platico que estoy estudiando planificación urbana la respuesta es casi inmediata. “Qué bueno, lo que nos falta en México es ciudades mejor planificadas”. La conversación típicamente deriva en observaciones sobre el caos que cada quien enfrenta en su vida diaria. Los temas recurrentes son los embotellamientos, la cantidad de comerciantes informales, o la escasez de parques públicos. Sin embargo pocas veces queda claro cual es la expectativa que se tiene sobre lo que hace el planificador.

Todavía en México vemos a ese profesional como alguien eminentemente técnico. Un “experto”. El tipo que, tras una larga secuencia de sesudos análisis podrá sugerir el ancho ideal de la nueva vialidad, o la combinación perfecta de usos de suelo, o el esquema más eficiente para proveer servicios públicos de calidad. La valía de este técnico, es por supuesto su imparcialidad. En teoría, el planificador educa al tomador de decisiones.

Por eso, el “producto” que se espera del planificador es un “plan”. Ese mítico documento que aprueban los cabildos, y que en teoría orienta el crecimiento de las ciudades. Sin embargo, EN EL MUNDO REAL ni el planificador es imparcial, ni los planes orientan el crecimiento de las ciudades, ni el tomador de decisiones se deja educar…

El planificador que se siente satisfecho con presentar su “plan” está jodido (como demuestra Rodrigo con este ejemplo de Coyoacán), porque en el curso de la implementación el plan sufre continuos ajustes si no quiere condenarse al fracaso.

Entonces caigo en cuenta. Lo que hace falta en las ciudades de México no son planificadores. De esos ya tenemos muchos. Lo que hacen falta son “implementadores urbanos”.