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5 Feb
2009

Carta al concesionario de transporte público en Saltillo

Transporte, Vanguardia

Timbre Postal
Crédito: chrizar

Señor Concesionario:

Nuevamente circula el run-run. Usted y su gremio han solicitado a la alcaldía otro incremento a las tarifas de transporte público en Saltillo. Era de esperarse. Ya en un artículo anterior, publicado aquí el 3 de enero de 2008, describí el circulo vicioso que tiene atrapado al transporte público de nuestra ciudad. Hay razones estructurales que explican por que Usted gana menos de lo que debería y por que la gente recibe un mal servicio.

Los costos de sus insumos –vehículos, refacciones y gasolina- continúan subiendo. Las industrias de Ramos y Derramadero ofrecen transporte a su personal, y miles de saltillenses –algunos más pobres de lo que se cree- optan por adquirir un automóvil. Es decir, cada día menos personas se suben al camión, afectando los ingresos que Usted percibe. Además, el mercado está congestionado. En Saltillo existen alrededor de 1000 concesiones de transporte público –muchas de ellas circulando sobre rutas empalmadas- disputándose el mismo pastel.

Por supuesto, la solicitud de aumento lo convertirá en el enemigo público del momento. Entiendo que Usted es un empresario, pero la gente está cansada de decisiones pragmáticas para mantener la rentabilidad del negocio. Ellos lo han visto reducir horarios y frecuencias, ahorrar en mantenimiento y capacitación, extender de más la vida útil de su unidad, discriminar a los adultos mayores que exigen su descuento en la tarifa y exigirle a sus chóferes que le “metan pata” para levantar más pasaje. Como resultado sus clientes se sienten maltratados, y al desconocer las presiones financieras que Usted enfrenta, concluyen que el aumento no es justificado.

Este ciclo nos lleva a repetir una historia conocida. Los líderes del gremio exigen un aumento, y la gente manifiesta su inconformidad. Los periódicos describen fallas en el servicio, recuerdan compromisos pendientes, y publican los aumentos del pasado. Hay meses de tensa negociación, y siempre que no haya una elección en puerta, algún aumento –aunque sea menor al solicitado- es autorizado. Sin embargo el ajuste a la tarifa no representa sino una aspirina para el cáncer. Usted, mejor que nadie, conoce la realidad de su negocio.

Sabe que algo va mal, no por la coyuntura del momento, sino porque el diseño del sistema orilla a los concesionarios a vivir al margen. Los incentivos están mal alineados, y es Usted quien corre el mayor riesgo. Si los precios de los insumos suben, Usted pierde. Si la gente no se sube al camión, Usted pierde. Si se autoriza una nueva ruta que empalme con la suya, Usted pierde. Si el Cabildo quiere un descuento para estudiantes y viejitos, Usted pierde. Si el chofer roba parte del ingreso, Usted pierde. El Ayuntamiento no tiene ningún incentivo para promover el uso del camión. Por ello facilita la construcción de una ciudad desparramada que invita al uso del automóvil y que es difícil de servir en transporte público. Con ello, otra vez Usted pierde.

Quizá es tiempo de dejar de pensar en soluciones de corto plazo. Pelearse anualmente con el gobierno y con el público no parece la mejor estrategia. El estudio de rutas ordenado por el actual Alcalde, la proximidad del vencimiento de un número importante de concesiones, y la cercana renovación del Ayuntamiento abren una ventana de oportunidad para imaginar el transporte público del futuro.

Otras ciudades lo han hecho. Las exitosas renovaciones del servicio en Bogotá y Curitiba han partido de principios muy concretos: No desplazar a los actuales concesionarios, permitirles participar del nuevo sistema, y garantizarles un margen de ganancia aceptable. El riesgo de la demanda recae en el gobierno, y no en los prestadores del servicio como Usted. Si pocos pasajeros se suben en la noche, si un estudiante exige su descuento, si el camión de enfrente va lleno y el de atrás vacío, el concesionario no pierde. Se le paga por kilómetro recorrido, y no por el número de pasajeros que levanta. Como resultado, el transportista puede olvidar la guerra del centavo y concentrarse en dar un buen servicio.

Seguramente Usted está cansado de ser el malo de la película. No tiene porque serlo. Defender su negocio es la reacción natural de cualquier empresario, particularmente frente a los tiempos tormentosos que nos acechan. Sin embargo, lo cierto es que el ajuste a las tarifas no resuelve lo fundamental. El modelo de su negocio es cada día menos sustentable, y por ello tanto a Usted como a la ciudad les conviene imaginar alternativas.

Crédito de imagen: chrizar

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  • Martxele

    Claro, pero hará falta explicarlo muchas muchas veces para que se entienda.
    Conozco Saltillo, un poco, y cuando estuve ahí pensé que era una pena que no hubiera una mejor planeación urbana, orden y transporte público de calidad. Qué bueno que hay alguien haciendo presión, porque Saltillo lo vale, es aun, una ciudad con dimensiones humanas.