2009
Mi malinchismo presidencial
Vanguardia
Ilustración del New Yorker (Flickr, Creative Commons)Esta semana no puedo hablar de otra cosa. Al norte del Río Bravo, un político nacido en Hawai, hijo de Keniano y con estudios en Indonesia se convierte en el 44° líder de los Estados Unidos. El mundo observa, y escucha, y se pellizca el brazo para asegurarse que no está soñando. Tras ocho años de un Presidente que habló hasta el cansancio de miedo, sangre y odio, llega al poder un tipo con cálida sonrisa y mensajes de esperanza. En medio de una terrible crisis financiera, de guerras en múltiples frentes y ante una nación largamente dividida por disputas partidistas, arriba a la Casa Blanca un afro-americano que reta a pensar distinto y a intentar cosas nuevas. Yes we can, dice Obama, y lo repite con tanta convicción que la gente cree.
Para México, no hay ambigüedades. No somos prioridad, ni estamos en la agenda. La reunión de Calderón con Obama la semana pasada fue parte de una tradición que no rompió esquemas. Por ello nuestro gobierno es cauto y evita anunciar enchiladas completas. Sin embargo, y aunque sea por la casualidad de la coyuntura, las prioridades de nuestras naciones parecen por fin alineadas. Durante la década pasada, México exigió una reforma migratoria y respeto para nuestros paisanos. Estados Unidos, mirándonos de reojo, respondió demandando una lucha efectiva contra el narcotráfico y seguridad para sus inversiones. Aunque los objetivos particulares de ambos países persisten, hoy los dos gobiernos suspiran por lo mismo: la reactivación de la economía.
Sólo si Obama es exitoso podrá Calderón cumplir su promesa –hoy lejana e increíble- de convertirse en “el Presidente del Empleo”. El 90% de nuestras exportaciones tienen como destino el deprimido mercado norteamericano. Si ellos no compran, aquí pasamos hambre. Los “paros técnicos” de las plantas de Chrysler y GM en Coahuila y sus lotes saturados con camionetas que no se venden son testigos de nuestra incuestionable dependencia.
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Etiquetas: Estados Unidos, Obama

\"Soy pesimista sobre las probabilidades... soy optimista sobre las posibilidades\". -Lewis Mumford




Al menos en el mediano plazo –hasta que por fin diversifiquemos nuestra economía- seguiremos atados al destino del gigante del norte. Por ello las acciones que tome el nuevo Presidente son relevantes para México, quizá más importantes que cualquier estrategia “anticrisis” diseñada desde Los Pinos. En medio de esta crisis económica que no causamos pero que nos afecta profundamente, el Presidente vecino nos invita a mirar al futuro.
El martes, durante su mensaje inaugural, Obama anunció “acciones audaces” para “asentar los fundamentos del crecimiento”. Habló de inversiones en infraestructura, en tecnología, en educación. A pesar de las sospechas –alimentadas por su alianza electoral con el sindicalismo norteamericano-, no dijo nada que sugiera el regreso del proteccionismo. El recién llegado afirma que los Americanos “si pueden”, pero enfatiza a la vez que su nación “tiene una gran responsabilidad ante el mundo”. Pronto conoceremos las implicaciones de este delicado balance sobre la relación bilateral.
Obama utilizó su primer discurso para colocarse por encima de la cuadratura de las ideologías. Más allá de posicionarse dentro de obsoletos debates entre la izquierda y la derecha, entre el estatismo y el libre mercado, el nuevo Presidente se declaró dispuesto a experimentar. La estrategia final de su exitosa campaña se revela por fin: ser pragmático para mantener vivo el idealismo.
Es imposible predecir el saldo que dejará la era que recién comienza. Como sabemos los mexicanos que sobrevivimos al Foxismo, el riesgo de un fracaso mayúsculo existe. Sin embargo las primeras decisiones de Obama revelan un estilo que promete resultados. Hoy nuestros vecinos están energizados y se preparan para recibir la “nueva era de responsabilidad” anunciada por el Presidente.
Mientras tanto, en México, el gobierno es fuente de todo menos de esperanza. Si Calderón saliera mañana a decir “yes we can”, sus palabras serían recibidas con profundo escepticismo. Ante los huecos del gobierno, muchos se resignan a la violencia, al desempleo, a la mediocridad. Quizá es Calderón, o quizá es un molde que no hemos logrado cambiar. Aquí los idealistas son ingenuos, y los pragmáticos son cínicos. Las palabras de nuestros políticos rara vez trascienden al noticiero nocturno, pues evitan retar al público y gastan más tiempo reaccionando ante el presente que construyendo el futuro.
En cambio, escuchar al Presidente Obama reconforta. No es nuestro líder ni nos habla a nosotros, pero sus palabras generan esperanza. Llámenlo malinchismo, pero hace falta creer en alguien.