2008
Poder Absoluto: Las elecciones en Coahuila
Coahuila, Política y ciudadanía, Vanguardia
Este domingo se renovó el Congreso Local en Coahuila. El PRI ganó 20 de 20 distritos en disputa. Fue carro completo, goliza, zapato. Sin mucho esfuerzo por parte de los ganadores, El PAN quedó totalmente borrado del mapa. En todos los distritos, la diferencia fue de cuando menos dos a uno. En dos distritos de Saltillo, el PRI tuvo 7 veces más votos que su más cercano competidor. Seguramente habrá diversos análisis sobre estos resultados. Por mi parte, ofrezco los siguientes puntos de vista:
1) El PRI postuló buenos candidatos: Alcaldes con amplias redes de apoyo y demostrado arrastre electoral (como Chuy Mario Flores en Piedras Negras), jóvenes promesas de la política local (como Enrique Martínez y Francisco Tobías en Saltillo) y políticos con profundo trabajo de base (como Salvador Hernández Vélez en Torreón). No todos fueron seleccionados por ser “amigos” del Gobernador, sino por tener posibilidades reales de éxito. Hay que reconocerlo, es notable el trabajo político de Rubén Moreira.
2) El PAN entregó la plaza sin pelear: Quizá presionado por el calderonismo para no complicar las discusiones de la reforma energética, o simplemente por no aprovechar a sus cuadros más competitivos, el panismo coahuilense nadó de muertito. No hubo pronunciamientos duros, ni una estrategia coherente, ni un análisis profundo de las debilidades de la actual administración. Salvo en contados momentos, sus grandes liderazgos marcaron sana distancia del proceso, quizá temerosos de asumir los costos de una derrota que juzgaron a priori inevitable. Si los asesores de Guillermo Anaya creen que perder toda la Legislatura es buena estrategia para llegar al Palacio Rosa, viven en otro planeta.
3) Votaron pocos, pero más de los esperados. Las elecciones que no ponen en juego alcaldías, gubernatura o presidencia tienden a tener un perfil bajo, pues la gente no percibe que el resultado impactará en sus vidas. En la elección de febrero en el Estado de Hidalgo –donde solo votaron por diputados locales- participó el 37% del padrón. En 2003, la última vez que elegimos Diputados Federales sin que se renovara al mismo tiempo la Presidencia de la República, la participación fue del 33.22% de los coahuilenses. Me cuento entre los que pronosticaban porcentajes mucho menores para el domingo pasado. No fue así. Votó el 40% de nuestro listado nominal.
4) Con tiempos de campaña tan cortos, el partido en el poder tiene una ventaja estructural. Dado que no hay tiempo para comparar a los candidatos durante la campaña, gana quien haya alcanzado mayor visibilidad en el pasado. Por supuesto, es más fácil “placear” a tus cuadros si controlas al gobierno. Dicha realidad hace aún mas notable la derrota del PAN en Torreón, un claro ejemplo de voto de castigo contra su alcalde.
Los resultados de esta elección me dejan con sentimientos encontrados. Por una parte, el PRI merecía ganar. Aún quienes dudan de la calidad de su proyecto de gobierno, tienen que reconocer que la oposición no presentó una alternativa competitiva. El PRI hizo su tarea y evitó dormirse en sus laureles, mientras que el PAN se derrotó a si mismo antes de empezar.
Sin embargo, preocupa que el resto de este sexenio transcurra sin voces de oposición en la Legislatura que obliguen a la mesura, a la negociación y a la transparencia. Sin duda, la nueva correlación de fuerzas permite al Gobierno del Estado auto-regularse y auto-fiscalizarse, creando un incentivo permanente para el abuso y el dispendio.
Los nuevos diputados tendrán que ser proactivos para evitar convertir al Congreso en una irrelevante oficialía de partes del Palacio Rosa. Coahuila les agradecerá que combinen su legítima fidelidad al proyecto político del Gobernador con una irrestricta defensa a la autonomía del Poder Legislativo. Es evidente que en sus votaciones tenderán naturalmente a la unanimidad. Si esta es producto de un trabajo libre de negociación y de consenso, enaltecerán con ella la función legislativa. Pero si por el contrario su unanimidad es síntoma de sumisión acrítica, Coahuila regresará a la peor época del autoritarismo y simulación.
Ojala que Humberto Moreira –convertido efectivamente en rey por voluntad popular- muestre su estatura y sensibilidad atendiendo a las voces mesuradas que todavía lo rodean. Con una oposición inexistente, la sabia advertencia de Lord Acton parece escrita para Coahuila: “el poder tiende a corromper, pero el poder absoluto corrompe absolutamente”.
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Etiquetas: abstencionismo, Coahuila, Congreso, diputados, elecciones




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