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14 Aug
2008

Del Miedo a la Esperanza

Cosas que leí, Disfrute del espacio público, Vanguardia


Salir a la calle se convirtió en sinónimo de peligro. La gente caminaba aprisa y siempre viendo de reojo. No era para menos, en cada sombra se escondía un posible secuestrador, en cada ruido un posible balazo. No hablo de aquí, y no hablo de ahora. Me refiero a la vida en Medellín, Colombia durante los ochentas y noventas. Me refiero a un terrible espejo que parece predecir hacia donde vamos.

De acuerdo con un testigo:

“La violencia alteró los patrones culturales y afectó a casi todas las esferas de nuestra sociedad con inseguridad, ilegalidad, desconfianza y muerte. El miedo nos acorraló y atomizó. En algunos sectores de la ciudad los “duros” del barrio, armados y agrupados en bandas, se volvieron el modelo para imitar de muchos jóvenes. Para defendernos, inventamos murallas invisibles, nos incomunicamos y nos acostumbramos a vivir desintegrados, en círculos reducidos, detrás de rejas. En 1991, éramos la ciudad mas violenta del mundo”.

El título suena exacto. Durante ese año, se registraron 6,500 homicidios en Medellín, 17 cada día, 381 por cada cien mil habitantes. Es difícil imaginar que puede hacerse ante una ola de violencia así. Con menos, el Estado Mexicano hoy cede el control de su territorio y se repliega. Las policías se declaran en huelga y los fiscales antisecuestros aparecen en noticiarios con el rostro cubierto, como si fuesen testigos protegidos.

Sin embargo, y a pesar de cualquier pronóstico, Medellín representa un caso de éxito; un ejemplo que demuestra que es posible controlar la tormenta. En el 2007, el numero de homicidios bajó hasta 630, ¡sólo 26 por cada cien mil habitantes! Delitos como el robo, la extorsión y las lesiones personales también bajaron. La reincidencia en centros penitenciarios pasó del 33% en 2003 a 9.5% en 2007, y la percepción de seguridad mejoró considerablemente.

Paradójicamente, la tierra que algún día fue controlada por Pablo Escobar hoy da lecciones al mundo sobre su lucha anticrimen. Sin duda, vale la pena voltear a Medellín y aprender de su experiencia. ¿Qué fue lo que hicieron en la capital de la Antioquia?

En primera instancia, reconocer que la ciudadanía debe involucrarse. En Medellín los ciudadanos entendieron que los políticos toman las decisiones mas importantes para la sociedad, y se declararon listos para sustituir a quienes tenían décadas sin dar resultados. Para los miembros de la sociedad civil Medellinense resultó insuficiente salir a las calles gritando “ya basta”, y no se detuvieron hasta tomar por asalto a un gobierno rebasado, o cooptado, por el crimen. En 2003, eligieron como alcalde a Sergio Fajardo, un matemático sin partido que convirtió la preocupación ciudadana en agenda de gobierno.

Fajardo no perdió el tiempo buscando balas de plata. El falso debate entre cadena perpetua o pena de muerte no ocupó ni un minuto de su agenda. Dichas propuestas sirven para capturar primeras planas en los periódicos, pero no para dar resultados sostenibles. Al contrario, el nuevo alcalde reconoció que la criminalidad está íntimamente relacionada con la profunda desigualdad social que impera en Latinoamérica

Usando este marco, identificó que el criminal típico en la ciudad respondía a un perfil predecible: Jóvenes sin oportunidades, fácilmente reclutados por el crimen organizado. Por ello dedicó su tiempo y presupuesto a hacerle una contraoferta a la juventud.

Durante su administración, Fajardo implementó un extenso programa de becas y apoyos a proyectos productivos destinado a jóvenes que registraban alta propensión a la delincuencia. Los muchachos recibían la visita de un “reclutador” del ayuntamiento ofreciendo apoyo para seguir estudiando o para conseguir empleo. Dos objetivos guiaron la estrategia: “romper con la transmisión generacional de la violencia, y convertir toda disminución de crimen en oportunidades sociales”.

El plan del alcalde, construido para el largo plazo, dio resultados casi inmediatos. La ciudad de Medellín pasó del miedo a la esperanza y es hoy irreconocible: recibe turismo, genera empleos y construye ciudadanía.

Hace unos meses, apareció una manta en un boulevard de Nuevo Laredo. Los “zetas” anunciaban que estaban reclutando personal: “ofrecemos buen sueldo, comida y atenciones a tu familia, no sufras maltrato ni sufras hambre”. Es tiempo de que el Estado mexicano se decida a construir una contraoferta atractiva.

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  • PuKa

    Efectivamente, con tristeza vemos a donde vamos a llegar, lo malo es que no estamos tan lejos, lo bueno es que ya tenemos casos de exito asi que en teoría ya se sabe que hay que hacer…lo peor…¿Quien va a empezar por el cambio?

    postitivista, si empezamos con la frase…”yo comienzo co el cambio” como habitante de la ciudad.

    prefiero ser esceptica, y lo hacer hasta donde mi fuerza me lo permita