2008
Recuperando el Corazón
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Hoy escribo desde el corazón de México. Estoy sentado en un café de la Plaza de la Aguilita, ubicada en el extremo oriente del Centro Histórico del Distrito Federal. Fue aquí, dice la leyenda, que los aztecas encontraron al águila devorando a la serpiente. Mucho ha cambiado desde entonces. El digno origen prehispánico de este barrio no coincide con el deterioro de sus edificios, la cantidad de prostitutas que se ofrecen en sus calles, o el abandono que sufre por las noches.
Esta tarde platiqué con algunos vecinos. Son pocos los que quedan, apenas 45,000 en todo el Centro Histórico de acuerdo con cifras del INEGI. Es fácil constatar este abandono. Casi todas las ventanas de pisos superiores tienen plástico negro o madera en lugar de cortinas. La razón es simple: la mayoría de las unidades habitacionales del área son empleadas como bodegas del comercio informal.
Con pocos habitantes de tiempo completo, es difícil generar una comunidad que cuide y conserve el barrio. El espacio público se vacía y la interacción social se extingue. Doña Luisa me explicó como sus hijos crecieron sin calidad de vida. Tuvieron que aprender a evitar ciertos callejones y a convivir con maleantes. Sin embargo, no deja de afirmar orgullosa: “aquí nací y aquí me muero”.
Algo –esperanza, terquedad, identidad o fidelidad a sus raíces- mantiene a vecinos como Doña Luisa en el área a pesar de los fuertes vientos en contra.
Ese misterioso amor por el barrio parece por fin reivindicado. El pasado 12 de octubre se ordenó el retiro del comercio informal, algo que parecía imposible. Esa acción marcó solo el inicio pues hoy está en marcha un gran proyecto –ligado al Bicentenario de la Independencia- que incluye la construcción de corredores culturales, la instalación de un moderno tranvía, peatonalización de algunas calles y mejoramiento de la seguridad.
De hecho ya se escucha la maquinaria. A escasas cuatro cuadras, sobre las calles de Mesones y Regina, el Gobierno ya reemplaza el drenaje –intacto desde tiempos de Don Porfirio-, instala cableado subterráneo y coloca pavimento hidráulico. Todo indica que el proyecto va en serio. Para el 2010, el Centro Histórico de la Ciudad de México será significativamente diferente. En palabras de un promotor del proyecto, “pronto tendremos un centro de clase mundial”.
Esto será sin duda de gran provecho para el turista extranjero y para el visitante ocasional de Saltillo. Ganarán también los inversionistas, constructores y propietarios de inmuebles, pues los edificios del Centro volverán a representar oportunidades de negocio. Por supuesto, serán beneficiados aquellos aventurados que derroten sus miedos y se muden al Centro. Pero lo que paradójicamente aun no esta claro, es el efecto que tendrá esta transformación sobre la vida de los leales vecinos de barrios pobres como La Aguilita.
Evaristo, un viejo líder de comerciantes ambulantes y vecino del barrio, es claro al manifestar sus temores: “El Gobierno quiere reemplazar las fondas por McDonalds, mis puestos por boutiques, y las vecindades que quedan por departamentos de lujo”. En el argot urbanista, ese proceso de llama gentrificación – o aburguesamiento-, y representa un riesgo real. Manejado sin sensibilidad, un proceso de renovación como el que se lleva en el Centro Histórico del DF puede llevar al desplazamiento de vecinos pobres –como Doña Luisa- por vecinos ricos –como Carlos Slim-.
Me resisto a creer que esto sea un objetivo premeditado del gobierno de izquierda de Marcelo Ebrard. Sin embargo, puede ser el efecto secundario de una intervención bien intencionada. Así como someterse a quimioterapia implica el riesgo de dañar tejidos buenos y sanos, la renovación del Centro de la Ciudad de México puede desplazar a las clases populares de los hogares a los que tanto se han aferrado. Evitar esto no será fácil, pero es vital si deseamos construir un país incluyente. Los centros de nuestras ciudades representan los últimos reductos de espacio urbano que facilitan la convivencia entre ricos y pobres.
Termino mi café en la Plaza de la Aguilita. Tomo algunas fotos para subir a mi blog y camino hacia el Metro, de prisa, antes de que anochezca.
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Etiquetas: centro historico, Distrito Federal, gentrificacion



\"Soy pesimista sobre las probabilidades... soy optimista sobre las posibilidades\". -Lewis Mumford



