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7 Nov
2007

Estacionamientos Caros

Coche, Entrevistas y ejemplos, Vanguardia

Para publicación en Vanguardia el 7 de noviembre, 2007

¿Cuánto le cuesta al automovilista saltillense estacionarse? Si hiciéramos una encuesta, la mayoría contestaría que nada. Salvo por 450 parquímetros que opera el ayuntamiento, casi todos los espacios de estacionamiento de la ciudad son “gratuitos”. Nadie paga por dejar su coche frente a su casa, o en la banqueta frente a la panadería, o en el supermercado, o en la mayoría de los centros comerciales de la ciudad.

De hecho, esta característica es una de las principales ventajas del automóvil sobre otros medios de transporte. El tren necesita estaciones, el avión aeropuertos y el transporte público paradas. En cambio el coche tiene tantos estacionamientos como rincones tiene la ciudad. Libertad absoluta, movilidad total.

Paradójicamente, dicha ventaja es amenazada por la congestión creada por los mismos coches. A medida en que su número crece, aumenta la competencia por los espacios. Cada vez más, el automovilista tiene que dar vueltas alrededor de su destino hasta encontrar la tierra prometida: un estacionamiento “gratuito”.

Tradicionalmente, las ciudades han respondido a esto con estrategias para proteger el “derecho popular al estacionamiento”. No es broma. La reglamentación municipal obliga a los desarrolladores a incluir un mínimo de cajones de estacionamiento en sus proyectos. Por decreto, el Cabildo busca garantizar estacionamiento para tu coche, aunque con ello favorezca un modelo de ciudad que no es amigable al peatón.

Sin embargo el espacio cuesta, y mucho. Imagínese cuanto valen los terrenos que rodean Soriana San Isidro o Plaza Real y que son usados como estacionamiento. Por supuesto, los desarrolladores preferirían emplearlos para edificar un número mayor de locales comerciales. Lo mismo podemos decir de los estacionamientos “de banqueta”. ¿Cuánto ahorraría el estado en asfalto y mantenimiento si no considerara espacio para estacionamiento en ambos lados de las calles que construye?

El hecho de que el estacionamiento no se cobre no quiere decir que sea gratuito. Alguien lo esta pagando. Los consumidores lo cubrimos con precios más caros o rentas más elevadas. También pagamos los contribuyentes, al recibir menos servicios a cambio de nuestros impuestos.

Pero lo más grave es que la cuenta le llega ¡hasta a los que no manejan automóvil! El precio del estacionamiento se vuelve invisible y se distribuye entre toda la población. Los más pobres, los que no completan ni para un Tsurito, subsidian a los ricos.

Cuando el costo de algo es invisible, uno tiende a consumirlo en mayores cantidades. Si no supiéramos que el “costo” del cigarro es cáncer, tenderíamos a fumar más. Bajo la misma lógica, pagar un boleto de camión, usar la bicicleta o pedir un aventón pierde sentido si estamos seguros de encontrar un estacionamiento “gratuito”. Al multiplicarse esta línea de pensamiento, producimos ciudades congestionadas, contaminadas y con sistemas de transporte público en permanente bancarrota.

Donald Shoup, un especialista de la Universidad de California, describió este fenómeno como “Los Elevados Costos del Estacionamiento Gratuito”. En su libro recomienda a las ciudades invertir sus estrategias. En lugar de requerir a los constructores una cantidad “mínima” de cajones de estacionamiento, sugiere establecer “máximos” tolerables. En lugar de defender el derecho a la “gratuidad” del estacionamiento, promueve el uso masivo de parquímetros. Este cambio de visión explica, por ejemplo, como Boston ha logrado mantenerse como una de las pocas ciudades de los Estados Unidos donde caminar es una alternativa razonable al automóvil.

¿Por qué esta digresión sobre algo tan aburrido como los estacionamientos? Porque esta semana el tema captó la atención de las autoridades de Saltillo. Resulta que la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucional el cobro de multas a quienes se estacionen sin depositar su moneda en el parquímetro. Independientemente del mérito jurídico de la resolución, la Corte logró algo que vemos con muy poca frecuencia: Poner un tema difícil en la agenda pública de la ciudad.

De esta manera, hasta que se reforme la Ley de Ingresos, estacionarse en el centro será un servicio “gratuito”. No se vaya con la finta. Nuestra ciudad ya paga un elevado precio por tener tantos estacionamientos “sin costo”. Deposite su moneda, al menos para recordarle al Ayuntamiento la conveniencia de revisar este tema con profundidad.

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