2007
Abracadabra
Disfrute del espacio público, Gobiernos locales, Vanguardia
Para publicación en Vanguardia el 11 de octubre, 2007
Durante los 80s y 90s, se hicieron múltiples intentos por reubicar a los ambulantes. El resultado siempre fue el mismo. A regañadientes aceptan liberar las calles e instalarse en nuevos centros comerciales. Éxito y aplausos. Sin embargo, a la primera señal de caída en sus ventas los puesteros abandonan sus locales y corren a retomar las banquetas. Su mensaje es muy claro: No le voy a perder, háganle como quieran.
Lo mismo promete suceder –pero a gran escala- tras la implementación del plan Ebrard. Los ambulantes probarán suerte en otros lugares pero pronto la fuerza del mercado los regresará al Centro, el sitio con mayor flujo peatonal en la capital. El proceso es previsible: el comerciante es un ser racional y como tal busca cercanía con su clientela.
¿No será que es tiempo de intentar algo diferente? Al respecto, William Maloney nos sugiere revisitar nuestro diagnostico sobre la informalidad. Es más productivo entender al comercio ambulante como una clase emergente de pequeños empresarios que como un refugio de desempleados. Como tal, lo más inteligente es reconocer su existencia y tratar de aprovecharla.
Una alternativa para hacer esto es el establecimiento de una “zona franca de ambulantaje” en el Centro Histórico de la capital. Lo anterior no es sino reconocer la realidad. Buena parte de las calles de la parte oriente del Centro ya operan como enormes mercados al aire libre, donde la gente de bajos recursos convive y consume. Debe haber algo valioso bajo el caos que Ebrard busca expulsar por decreto, pues los productos y servicios ofrecidos por estos emprendedores siguen teniendo demanda.
Contrario a lo que se cree, el comerciante informal paga impuestos, solo que los cubre bajo la modalidad de cuotas a sus líderes y de mordidas a funcionarios y policías. A cambio de estas “contribuciones” recibe lo que la autoridad no quiere darle: un cierto grado de seguridad, un nivel mínimo de servicios y una ubicación con alto tráfico que facilite la rentabilidad de su negocio.
¿No sería más conveniente que el estado captara estos recursos? Imagine usted lo que podría recaudarse si los 8,000 ambulantes que operan entre el Palacio Nacional y el Mercado de La Merced canalizaran lo que gastan en cuotas y mordidas a la Tesorería del Gobierno del DF. Este dinero haría mucho para mejorar los servicios públicos del área, no solo para los comerciantes sino también para los vecinos.
Además del beneficio económico, el establecimiento de una zona franca de ambulantaje rompería la estructura clientelar que rige a la actividad. El derecho a vender en la calle ya no se obtendría a cambio de apoyar a un candidato o partido, sino en base a una clara definición de compromisos y obligaciones.
Desde luego, hay muchos problemas con esta idea. Para empezar, está la objeción legítima del comerciante formal. El ambulante representa una competencia desleal, y regularizarlo implica legitimar la ilegalidad. Mi respuesta es sencilla: hay que ser pragmáticos. Con o sin intervención pública, los ambulantes ahí están. Reconozcamos esto y busquemos esquemas para que los comerciantes formales en la “zona franca” cuenten con la misma flexibilidad fiscal que los ambulantes.
Tampoco podemos ignorar la clara relación que existe entre el comercio informal y la criminalidad. Es común que los productos ofertados en los puestos sean piratas o robados. Al respecto, creo que es más fácil controlar a los enemigos cuando están cerca. Bajo el esquema actual, el cochambre florece bajo las sombras, y la autoridad nunca se entera.
Ebrard tenía la oportunidad de regular al ambulantaje y mantener así un espacio de consumo para el capitalino con bajo poder adquisitivo. Sin duda alguna, el comercio informal del oriente del Centro Histórico del DF es el Palacio de Hierro de los pobres. Cualquier gobierno de izquierda debería preocuparse por preservarlo. En cambio decidió sacar su varita mágica. Abracadabra, que se desaparezcan los puestos. Al menos, mientras se toma la foto y busca la presidencia.
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Etiquetas: ambulantes, comercio informal, Distrito Federal, Ebrard



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