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10 Oct
2007

Abracadabra

Disfrute del espacio público, Gobiernos locales, Vanguardia

Para publicación en Vanguardia el 11 de octubre, 2007

El Jefe de Gobierno del DF sacó la varita mágica. ¡Abracadabra! A partir del próximo viernes los comerciantes ambulantes tendrán que dejar el Centro Histórico de la capital. Perdonen que me declare incrédulo, pero la estrategia anunciada replica décadas de intentos fallidos por recuperar las calles de la informalidad.


Durante los 80s y 90s, se hicieron múltiples intentos por reubicar a los ambulantes. El resultado siempre fue el mismo. A regañadientes aceptan liberar las calles e instalarse en nuevos centros comerciales. Éxito y aplausos. Sin embargo, a la primera señal de caída en sus ventas los puesteros abandonan sus locales y corren a retomar las banquetas. Su mensaje es muy claro: No le voy a perder, háganle como quieran.


Lo mismo promete suceder –pero a gran escala- tras la implementación del plan Ebrard. Los ambulantes probarán suerte en otros lugares pero pronto la fuerza del mercado los regresará al Centro, el sitio con mayor flujo peatonal en la capital. El proceso es previsible: el comerciante es un ser racional y como tal busca cercanía con su clientela.


¿No será que es tiempo de intentar algo diferente? Al respecto, William Maloney nos sugiere revisitar nuestro diagnostico sobre la informalidad. Es más productivo entender al comercio ambulante como una clase emergente de pequeños empresarios que como un refugio de desempleados. Como tal, lo más inteligente es reconocer su existencia y tratar de aprovecharla.


Una alternativa para hacer esto es el establecimiento de una “zona franca de ambulantaje” en el Centro Histórico de la capital. Lo anterior no es sino reconocer la realidad. Buena parte de las calles de la parte oriente del Centro ya operan como enormes mercados al aire libre, donde la gente de bajos recursos convive y consume. Debe haber algo valioso bajo el caos que Ebrard busca expulsar por decreto, pues los productos y servicios ofrecidos por estos emprendedores siguen teniendo demanda.


Contrario a lo que se cree, el comerciante informal paga impuestos, solo que los cubre bajo la modalidad de cuotas a sus líderes y de mordidas a funcionarios y policías. A cambio de estas “contribuciones” recibe lo que la autoridad no quiere darle: un cierto grado de seguridad, un nivel mínimo de servicios y una ubicación con alto tráfico que facilite la rentabilidad de su negocio.


¿No sería más conveniente que el estado captara estos recursos? Imagine usted lo que podría recaudarse si los 8,000 ambulantes que operan entre el Palacio Nacional y el Mercado de La Merced canalizaran lo que gastan en cuotas y mordidas a la Tesorería del Gobierno del DF. Este dinero haría mucho para mejorar los servicios públicos del área, no solo para los comerciantes sino también para los vecinos.


Además del beneficio económico, el establecimiento de una zona franca de ambulantaje rompería la estructura clientelar que rige a la actividad. El derecho a vender en la calle ya no se obtendría a cambio de apoyar a un candidato o partido, sino en base a una clara definición de compromisos y obligaciones.


Desde luego, hay muchos problemas con esta idea. Para empezar, está la objeción legítima del comerciante formal. El ambulante representa una competencia desleal, y regularizarlo implica legitimar la ilegalidad. Mi respuesta es sencilla: hay que ser pragmáticos. Con o sin intervención pública, los ambulantes ahí están. Reconozcamos esto y busquemos esquemas para que los comerciantes formales en la “zona franca” cuenten con la misma flexibilidad fiscal que los ambulantes.


Tampoco podemos ignorar la clara relación que existe entre el comercio informal y la criminalidad. Es común que los productos ofertados en los puestos sean piratas o robados. Al respecto, creo que es más fácil controlar a los enemigos cuando están cerca. Bajo el esquema actual, el cochambre florece bajo las sombras, y la autoridad nunca se entera.


Ebrard tenía la oportunidad de regular al ambulantaje y mantener así un espacio de consumo para el capitalino con bajo poder adquisitivo. Sin duda alguna, el comercio informal del oriente del Centro Histórico del DF es el Palacio de Hierro de los pobres. Cualquier gobierno de izquierda debería preocuparse por preservarlo. En cambio decidió sacar su varita mágica. Abracadabra, que se desaparezcan los puestos. Al menos, mientras se toma la foto y busca la presidencia.

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  • Alberto Pacheco
    Hola Onesimo:


    Te felicito por invitarnos a reflexionar con tu blog. Respecto a el tema de esta entrada me parece muy acertado que apuntes que Ebrard, quien se autodenomida de izquierda recurra a la vieja formula de los gobiernos autoritarios de querer imponer soluciones ante una realidad que ha rebasado la capacidad de las autoridades para ofrecer soluciones creativas, alternativas y en las que se involucre a todos los actores implicados. Pero tal vez, las "soluciones" ofecidas por el jefe de gobierno sean solo parte de una estrategia mediatica a fin de promover su imagen ante los capitalinos. Pero el tema de fondo es que el PRD en la capital heredo la vieja estructura clientelar instituida por los gobiernos priistas, una estructura redituable politicamente y que en caso de desmatelarla implicaria un altisimo costo politico para este partido. En fin, ojala que los comerciantes y sus lideres puedan hacerse concientes de su problematica y plateen alternativas a este ya añejo problema.



    Saludos desde Tijuana.
  • José I. Lobo
    Así es, tiene de límite el viernes y no creo que lo cumpla, los que ha logrado desalojar regresan y los que no, todavía no saben donde se van a ubicar. Además ya están solicitando que se les deje regresar a los sitios públicos durante las ventas de navidad, días festivos, etc.
    La tiene muy difícil, pero si logra solucionar el problema, tendremos que ver a Ebrard con otros ojos, pues habrá logrado solucionar un problema que lleva años y que hace del centro histórico de la capital un lugar desagradable a la vista. Estoy de acuerdo en que se tiene que ser pragmático y reconocer la realidad, aunque no dejando las cosas tal y como están, pues es algo exagerado el número de ambulantes, y algo se tiene que hacer para que se pueda volver a disfrutar de un centro histórico como el de la gran ciudad que es el DF. Creo que debe haber una reorganización, el problema es como.
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