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15 Apr
2007

Sueno Guajiro-Columna de Alejandro Davila en Palabra

Transporte
Les recomiento muchisimo el siguiente articulo del Dr. Alejandro Davila, publicado hoy en el Periodico Palabra. Me parecio particularmente interesante porque sugiere propuestas concretas para rutas de “Metrobus” en la ciudad.

Alejandro Dávila Flores
Sueño Guajiro

¿No debe ser la política el arte de hacer posible lo probable? De ser así, la trascendencia de esta actividad, tan polémica como necesaria, depende tanto de la visión que se tiene del futuro (lo probable), como de la capacidad para transformar esos sueños en realidades (lo posible).

En ocasiones, nuestras aspiraciones futuras reflejan nuestra determinación por cambiar un presente que no nos satisface plenamente.

Desde esta perspectiva, en política, la diferencia entre el estadista y el mercenario radica en que el primero sueña con y por la polis, es decir se ocupa de visiones animadas por los anhelos colectivos, en tanto el segundo procrea y materializa sueños “estrictamente personales”.

Si las visiones, o “los sueños”, constituyen el primer paso para transformar nuestro presente, no solo se vale soñar, sino que es indispensable hacerlo.

Hoy me ocupo de un sueño Guajiro, pues imagino cómo podría ser el servicio de “Guaguas” (como conocen a los autobuses del transporte público en Cuba) en la ciudad de Saltillo.

¿Cómo lucirían nuestras calles con, digamos, 300 camiones menos? Aún así, se dispondría de 800 unidades para cubrir esas necesidades. ¿Cómo se vería Saltillo si esos autobuses fueran de modelo reciente y no inundaran el centro histórico? Y, ¿Si ese transporte fuera tan eficiente, regular y accesible, al grado de que muchos saltillenses prefirieran dejar algunos días sus autos en las cocheras?

Imaginemos que los conductores no se comportan como en la jungla, tratando de piratearle el pasaje a sus colegas, pues su ingreso depende del número de pasajeros que trepan a sus sarcófagos rodantes. Pensemos que es posible encontrar una forma civilizada de distribuir los ingresos, por ejemplo en función de las distancias recorridas.

Soñemos con tres o cuatro líneas de metrobuses articulados para 300 pasajeros cada uno, circulando por carriles exclusivos y a velocidades medias similares o superiores a las de los autos particulares. Una ruta podría ir desde Arteaga hasta el camino a la estación de la CFE, localizado al poniente de Saltillo. Y si el Bulevar Coss se transformara en un eje vial con circulación en una sola dirección (de oriente a poniente) y se prolongara por Carlos Tapia, sin permitir estacionamiento sobre esa vialidad. Y si Pablo L. Sidar y su prolongación, Presidente Cárdenas, se convirtieran en un eje poniente-oriente. Otra ruta podría venir de sur a norte por toda la calle de Abasolo y de norte a sur por Urdiñola. Una más por Isidro López, desde la estación de ferrocarriles hasta la ciudad de Ramos Arizpe. En todos los casos se suprimirían los estacionamientos sobre esas vialidades. Una cuarta ruta podría circular por V. Carranza, desde el Bulevar Coss hasta Ramos Arizpe.

Luego pensemos en rutas alimentadoras, con unidades de menor dimensión que no traslapan sus recorridos ni convierten el centro de la ciudad en un amasijo de humo negro, ruido y fierros viejos.

Pensemos que un pasajero puede realizar dos o más trasbordos con un mismo boleto.

Soñemos que el sistema puede complementarse con coches de alquiler que cobran tarifas justas y utilizan los taxímetros; con rutas para la circulación de bicicletas y con la habilitación de tres o cuatro paseos peatonales, con los cuales alucinaré en otra colaboración.

Imaginemos que esto es posible incrementando los beneficios de los concesionarios del transporte urbano. ¿Por qué? Porque menos autobuses y más nuevos representan menores costos de administración, operación y mantenimiento, en tanto más pasajeros significan mayores ingresos. ¿Cómo asegurar la participación de los actuales concesionarios? Haciendo un avalúo del parque vehicular actual y transformándolo en acciones de la nueva empresa. Que no será fácil convencerlos de las bondades del proyecto, es cierto, pero ¿no es esta la tarea de la política y de los políticos?

Muchas ciudades del mundo lo han logrado; ¿Por qué nosotros no habríamos de hacerlo?

adavila_mx@yahoo.com.mx

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